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San Pedro Alcántara (Málaga, España). Historia, cultura, actualidad

San Pedro Alcántara 1896. Una feria de primera

El programa tiene 121 años. Bien se merece un comentario, por ser el más antiguo que conocemos, por ahora, y por trasladarnos como fue esa feria. Y si no fue la primera, porque habría otras antes, se trató de ¡una feria de primera! De postín. Fiesta para regocijo de los habitantes de San Pedro Alcántara y de los pueblos cercanos. Bienvenidos eran. Bienvenidos son.

Aunque el pasquín, conservado y divulgado por la familia Amores, no anuncia feria, sino fiestas, exactamente GRANDES FIESTAS. Así, en la portada un marco floreado encierra la leyenda: “Grandes Fiestas en San Pedro Alcántara, en los días 19 y 20 de octubre de 1896”. Tiene como figura central una rolliza mujer que enseña las pantorrillas, quien toca un bombo con la mano izquierda, mientras que en la derecha lleva unos platillos, anuncio de jornadas de jolgorio y ruptura con lo cotidiano, imagen que contrasta con dos modosos angelitos que custodian las esquinas inferiores del recuadro. Festividad religiosa y profana.

El alarde tipográfico continúa en el interior donde se alternan diferentes tipos de letras a distintos tamaños y un par de dibujos, en uno un banderillero cita al toro, referencia a la capea y lidia de reses bravas que estaban previstas, y en el otro un arlequín con su característico traje a rombos aparece con ademán de desplazarse, invitando a los juegos, a la cucaña o al baile.

Metidos de lleno en el programa, hay que anotar que no hay víspera. Ya que las fiestas comienzan el mismo día 19, correspondiente al Santo Patrón. Y en cuanto a la duración es de tan sólo dos días, 19 y 20, que les sabrían a poco a los trabajadores de la colonia, del campo y de la fábrica.

El primer día la Banda de Música de la vecina Marbella despertarían a los sampedreños con una diana a las 6 de la mañana (quizá haya que sumarle un par de dígitos por los cambios modernos en los horarios). La parte religiosa del programa se abre a las diez de la mañana con una misa solemne cantada, debida al compositor Calahorra. Y tras el panegírico del santo alcantarino por parte de un reconocido sacerdote, la imagen de San Pedro de Alcántara recorrería las calles del pueblo.

Concluida la sección religiosa todo sería fiesta. A las dos de la tarde juegos infantiles y elevación de globos y fantoches. Mientras que a las cuatro llegaría la diversión para los mayores, primero con una capea de reses bravas donde los más valientes del lugar se lucirían ante sus paisanos. Y por fin la corrida, a cargo del diestro malagueño Tomás Monge, alias El Pata, que ayudado de su cuadrilla daría muerte a un novillo. Toda una consideración, ya que en otros pueblos la res después de la lidia era devuelta viva a los corrales. Pero en San Pedro Alcántara, no. Para eso tenía su propia y acreditada ganadería. Tenía que notarse el poderío económico de la compañía propietaria de la gran finca, en esos años la francesa Société Sucrière de la Colonie de San Pedro Alcántara, dispuesta a derrochar en los días feriados.

Delicados farolillos de papel, o sea iluminación a la veneciana, adornarían y darían esplendor al baile en la plaza de la Iglesia. Imaginemos la bella plaza, circundada por el grandioso templo, la Villa de San Luis, la Casa Administración (de Robledano), la Casa de Dependientes (Casillas Nuevas) y las demás viviendas. En su centro música y baile para todos.

El día 20 la banda marbellí repetiría diana. Y a las diez habría carreras de cintas con burros, y también los mismos animales competirían en una carrera con premio… al más lento. Seguiría una cucaña. Y a las dos de la tarde volverían los juegos para niños

Lo más original de este programa de 1896 es lo que venía a continuación. “Grandes moragas andaluzas”. La celebración, con guitarras y otros instrumentos, se trasladaba a la playa, toda una originalidad y acierto, para degustar espetos, antiguo plato de pobres que se ha convertido en manjar de ricos por sus precios actuales. Y se advierte que quien desee utilizar cubiertos tiene que llevarlos, pues la costumbre es no utilizarlos. Aquí leemos entre líneas una advertencia a los empleados, técnicos y dirigentes, extranjeros y también españoles, que no estaban acostumbrados a manejar las sardinas con los dedos. Ese grupo selecto de personas podrían disfrutar en los almacenes de la playa de un “Gran baile de sociedad”. Ignoramos que haría mientras tanto el común de los mortales. Lo que sí sabemos es que a los doce la banda entonó una retreta como fin de la festividad. Al día siguiente tocaba incorporarse a la dura labor de cada día. Pero todos recordarían que en 1896 tuvo lugar una ¡feria de primera!, anunciadas como GRANDES FIESTAS EN SAN PEDRO ALCÁNTARA.

Publicado en el programa de la Feria y Fiestas de San Pedro Alcántara de 2017.

 

La Villa de San Luis, el hogar de la señora Clara

En la plaza de la Iglesia se conservan dos edificios de la antigua colonia agrícola de San Pedro Alcántara. Uno de ellos es el templo parroquial, levantado en tiempos del marqués del Duero, fue abierto al culto en el verano de 1869. El otro, la Villa de San Luis, era la vivienda de la familia Cuadra Raoul, construida en la década de 1880, por lo tanto, de una segunda etapa de la historia sampedreña, cuando residía en ella doña Clara Raoul, marquesa viuda de Guadalmina, con sus hijos.

Pero, ¿quién era la señora Clara? Aquella joven de buena posición nacida en Nueva Orleans, que había abandonado su lujosa mansión de París, para llegar a este remoto lugar de la costa andaluza. ¿Cuál había sido su periplo vital?

Comencemos. Clara Raoul y Albora, hija de un general francés, nació en la ciudad estadounidense de Nueva Orleans en 1820. En 1844 vivía en Guatemala con su marido, Luis Manuel de Cuadra y González de la Rasilla, un sevillano nueve años mayor, con buenos negocios en ese país, aunque ella no le iba a la zaga en cuanto a bienes patrimoniales, al aportar una elevada dote en su boda, y más tarde una abultada herencia.

Los lugares de nacimiento de los hijos son muy significativos de la trayectoria existencial, y también económica, de la familia Cuadra: el primogénito Luis Antonio vio la luz en Guatemala (1847), le siguieron Mariano en Sevilla (1850) y Alberto en París (1864). De las dos hijas, Clara y Julia, desconocemos esos datos.

En París la familia residía en una lujosa mansión, y Luis Manuel de Cuadra participaba del amplio flujo comercial y financiero que discurría entre Francia y España, no en vano era representante del marqués de Salamanca, hombre clave de los negocios al más alto nivel, y de la corrupción, en el entramado económico y político de nuestro país. Como banquero, Cuadra participó de un tercio del préstamo de cerca de 8.000.000 de reales (los dos tercios restantes correspondían a Joaquín de la Gándara), al marqués del Duero, quien no pudo afrontar su devolución, por lo cual San Pedro Alcántara pasó a manos de los prestamistas en 1874.

Años después, tras la muerte de Luis Manuel de Cuadra en 1876 (nombrado marqués de Guadalmina en 1875), la familia Cuadra se haría con la participación de Gándara y se trasladó a vivir a la colonia. Tenía invertido mucho dinero y había que controlar el negocio de cerca. Fue entonces cuando la marquesa viuda de Guadalmina adquirió un terreno de 12.367 metros cuadrados, según la inscripción registral de 1887, en el lateral norte de la plaza, al lado de la llamada Casa Administración (conocida después con el nombre de Casa Robledano y que fue demolida en 1994). Resulta llamativo que figurara a su nombre la única propiedad particular incluida en el latifundio de más de 3.000 hectáreas. Quizá porque quería asegurarse su tranquilidad, frente a otros inversores ajenos a la familia.

Allí se levantó una casa, mejor dicho, un hogar, para ella y sus hijos. Una construcción alejada del estilo andaluz, y que recuerda al francés, no en vano la cultura original de Clara Raoul era la del país vecino. La vivienda se encuentra exenta por todas sus fachadas, destaca la verticalidad de huecos y ventanas, con el realce de sus marcos. Consta de tres plantas, la baja, la principal y una tercera abuhardillada. La puerta se encuentra en el centro de la planta baja, y se llega a ella a través de una breve escalinata. Encima, un balcón con voladizo se sustenta sobre pilares de hierro fundido. A su alrededor se cultivaban un hermoso jardín y un feraz huerto, rodeado por una tapia con acceso a la plaza a través de una gran reja de hierro.

Desde el balcón de su hogar, la señora Clara podría observar las casitas bajas de las tres calles que componían el pequeño pueblo, más alejados los cañaverales, que llegaban hasta el mar, contraste de verde y azul que le recordarían paisajes de infancia y juventud en Nueva Orleans y Guatemala. A la casa se le llamó Linda Vista, por el sugestivo panorama que se divisaba desde ella, y también Villa de San Luis, alusivo al nombre de su esposo y de su hijo.

Pasado el tiempo, y disgregadas las fincas de la colonia, el Ayuntamiento de Marbella adquirió el inmueble en 1946, en los inicios del proceso de municipalización de los servicios públicos. Se vendió a particulares el terreno circundante, con la oposición de los concejales sampedreños, y el edificio se dedicaría a escuelas, centralita telefónica, oficina municipal. En la actualidad es sede de la Tenencia de Alcaldía de San Pedro Alcántara. Un enclave con un pasado peculiar y relevante.

Publicado en el Programa de la Feria y Fiestas de San Pedro Alcántara 2017.

La iglesia de la colonia de San Pedro Alcántara

Algunos vecinos recuerdan la plaza con el nombre de la Fuente por la situada allí, en algunos momentos la única del pueblo. Sin embargo, la denominación oficial es plaza de la Iglesia. Y es que el templo erigido en su lateral oeste era, y sigue siendo, el edificio más imponente de la misma, símbolo del poder religioso y de las ideas moralizantes con las que pretendía impregnar el marqués del Duero la marcha de su colonia desde los inicios.

La bendición y apertura al culto del templo se produjo el domingo 22 de agosto de 1869, según comunicaba Ángel María Chacón a Manuel Gutiérrez de la Concha, expresándole su satisfacción por el acontecimiento:

Hoy he tenido un día muy agradable, porque cuando me confió usted la Administración de la Colonia concebí tres pensamientos: constituir el gran centro productor a que usted aspiraba; garantizar para la industria esta producción; e inaugurar la iglesia proyectada para reconcentración de las costumbres morales del nuevo pueblo agrícola e industrial.

Estas ideas del administrador principal, que compartiría sin duda con el marqués del Duero, nos indica lo que San Pedro Alcántara significaba para el fundador y sus colaboradores más directos, algo más que un simple establecimiento agrícola e industrial, esto es una nueva población en la cual al bienestar material de sus habitantes debía sumarse el espiritual, impregnado de un claro sentido paternalista.

Para inaugurar la iglesia fue necesario sacar del edificio una serie de objetos que se almacenaban en su interior: aperos, sacos de abono mineral y el taller de carpintería que incluía una máquina de aserrar madera. Motivado por la falta de espacio para los materiales, los animales y los hombres, a pesar de la afanosa construcción de nuevas viviendas, almacenes y tinados. No está de más recordar que ese año mismo año de 1869 se finalizó la Casa de Dependientes, debido a la notable afluencia de colonos que llegaban deseosos de incorporarse al proyecto sampedreño; situada frente a la iglesia, se conoció popularmente con el nombre de Casillas Nuevas, por desgracia hoy ha desaparecido.

En línea con lo que exigía el militar promotor, todo debía organizarse con meticulosidad, y con el fin de dotar a la colonia con instituciones propias, al año siguiente de abrir el templo, concretamente el 19 de octubre de 1870, se hacía entrega al nuevo administrador, Fernando Rosado Guzmán, nombrado mayordomo de la Cofradía de San Pedro de Alcántara —la cual se puede considerar como antecedente de la actual Hermandad— de los enseres de culto, y se especificaban en el acta de entrega algunas normas de funcionamiento, como la libra de cera mensual que debían aportar los diez colonos que tenían tienda. Al mismo tiempo se cedían las imágenes que se veneraban en la iglesia, entre ellas la que representaba al patrón, una notable talla donada por las monjas Catalinas de Málaga.

En cuanto a la tipología del templo encaja en una arquitectura colonial, quizá recordando el origen americano de Manuel Gutiérrez de la Concha. Destaca su fachada de entrada, situada en la parte opuesta al altar mayor, compuesta de un triple pórtico en la planta baja, con arcos de medio punto que se corresponde con la nave central, mientras que los dos espacios contiguos lo hacen con las naves laterales. La torre, levantada en el eje central de la fachada, tiene forma prismática y con tejado a cuatro aguas, dispone de arcos de medio punto en cada uno de los frentes, dejando ver las campanas. Este conjunto de torre pórtico, queda elevado en relación al nivel de la plaza a través de una corta y amplia escalinata. En el interior la nave central está cubierta con una bóveda de medio cañón, mientras que las laterales lo hacen con bóvedas de arista. Por su parte, la capilla mayor desarrolla un espacio en ábside y está cubierta con una bóveda semiesférica, mientras que en el lado opuesto existe un pequeño coro en altura.

Ha transcurrido siglo y medio de fe religiosa, desde que en 1869 se bendijera la iglesia en honor a san Pedro de Alcántara. Y siglo y medio de otra fe, en la capacidad del hombre, desde que Manuel de la Concha fue adquiriendo las fincas que conformaron la colonia. Creencia en el propio esfuerzo y en el de los hombres y mujeres que llegaron para poblar este territorio. Virtud y trabajo, como indica el lema del escudo de la colonia.

Esta fe sampedreña, la divina y la humana, múltiple y heterogénea como los lugares de procedencia de los habitantes del lugar, se ha mantenido con el transcurrir del tiempo, a pesar de inconvenientes de todo tipo. Esa convicción en las propias posibilidades, en la historia común, en la historia que se escribe día a día, con el ejemplo de los vecinos más nobles, los que son y los que fueron. Esa perseverancia identifica a San Pedro Alcántara como pueblo.

Publicado en el programa de la Feria y Fiestas de San Pedro Alcántara 2016

Primera piedra de las obras de la fábrica azucarera

ACTA DE INAUGURACIÓN DE LAS OBRAS DE LA FÁBRICA AZUCARERA

SAN PEDRO ALCÁNTARA, 12 DE SEPTIEMBRE DE 1870

«En la Colonia de San Pedro Alcántara a las cinco de la mañana del día doce de setiembre de mil ochocientos setenta, los señores Don Ángel María Chacón, Admor. Principal del Excmo. Sr. Marqués del Duero, Don Miguel Falconnet y Guillot, Ingeniero, Don Antonio de Segalerva y Castillo, Jefe de la contabilidad, Don Sandalio Chicote y Fernández, que lo es de Material y ganados, Don Pedro Morito Zamora, Alcalde pedáneo y Presidente del Tribunal agrícola, Don Francisco Pizarro Ramírez y Don Cristóbal Montesinos Naranjo, Vicepresidentes primero y segundo, y Don Martín de Huertas Morales, Secretario de dicho Tribunal, se constituyeron en la primera sección, cuarta división de la Vega del Mar, donde dicho Señor Excmo. tiene dispuesta la construcción de una Fábrica de azúcar; y estando hecho el emplazamiento de la misma, abiertos sus cimientos y dispuesto todo lo conveniente para dar principio a la obra, preparados al efecto los maestros alarifes y demás operarios necesarios por el Señor Administrador Don Ángel María Chacón, en el nombre de Dios y de la Virgen del Pilar, se hizo la colocación de la primera piedra en uno de los cimientos del centro de dicho emplazamiento, donde por el Sr. Presidente del Tribunal Agrícola se colocó la segunda; y autorizando así la inauguración de la obra quedó solemnizado el acto y dado principio a los trabajos que emprendieron los operarios seguidamente.

Y para que conste libramos la presente que queda sentada en el libro de actas de este Tribunal agrícola de cuyo documento se sacarán las copias necesarias que firmadas por los concurrentes se remite al Excmo. Sr. Marqués del Duero.»

Archivo del Marqués del Duero. Jerez de la Frontera

 

La Alcoholera de San Pedro Alcántara

La caña obtenida en las primeras cosechas de la colonia de San Pedro Alcántara se vendía a fabricantes de la capital malagueña, pero el objetivo del fundador, Manuel Gutiérrez de la Concha, era construir un establecimiento industrial para lograr un mayor rendimiento económico. En mayo de 1871 se hizo realidad la apertura de la fábrica en un lugar estratégico, al borde de la carretera Málaga-Cádiz, y situada a un kilómetro del caserío, para evitar molestias a sus habitantes, ahora llamado barrio de El Ingenio y antes de La Azucarera.

En él se sitúan algunos edificios del antiguo complejo fabril, hoy ejemplos de un patrimonio industrial digno de conservar y difundir. El más relevante es, sin duda, el que albergó la fábrica de alcohol, adquirido por el Ayuntamiento a petición de la Asociación de Vecinos Julio Romero de Torres en 1983, aunque el uso inicial de museo que se pretendió no se llevó a cabo, y se dedicó a uso escénico.

Las alcoholeras son complementos indispensables de las azucareras, ya que la melaza, líquido sobrante tras la obtención del azúcar, se puede convertir en alcohol y lograr diversos productos como aguardiente u otros licores, y desnaturalizado puede tener distintos usos en la industria química o farmacéutica.

Esto ocurrió en la azucarera de San Pedro Alcántara, y como en el resto de ellas con el paso del tiempo se remodelaron para adaptarlas a nuevos usos (molienda de caña o de remolacha), modernas tecnologías y cambiantes demandas, ampliando o añadiendo edificios a los originales.

De este modo, y con la dificultad añadida de rastrear en la dispersa documentación existente, conocemos que en los primeros tiempos existía una destilería y una fábrica de aguardiente, y conforme cambió la propiedad del establecimiento se reformó hasta llegar a la definitiva en 1917, como aparece en la fotografía que acompañan estas líneas.

Poco antes, en 1913, la alcoholera registraba una superficie de 1.808 metros cuadrados, de los cuales 680 lo ocupaban los edificios: la torre, que contenía en varias plantas los aparatos de destilación y rectificación, además de los depósitos y la báscula para la melaza, mientras que la nave rectangular adosada se dedicaba a sala de fermentación, aparte existían una sala de máquinas y un local para la venta directa.

Al menos funcionó hasta 1934, más allá del cierre de la azucarera acaecido en 1915. Además de aguardiente de caña, el empleo de aparatos destiladores de hasta 6.500 litros permitía obtener alcohol de hasta 97 grados, e incluso se mezcló con gasolina para fabricar un líquido sustituto de ella.

En la actualidad la torre, de planta cuadrada, mide 10 metros de lado y tiene una altura interior de 15,50 metros, distribuida en tres niveles, con una estructura metálica roblonada (clavos de remache en vez de tornillos). El entramado que soporta la cubierta, de teja plana alicantina, es una estructura de madera formada por cerchas con tirante metálico. En la fachada tiene una cenefa de azulejos con motivos geométricos en blanco y azul, y en relieve sobre un ladrillo en forma de rombo se superpone un cuadrado con las letras SPA entrecruzadas, un logotipo común en otros elementos de la colonia.

Por último, la azotea presenta una forma muy original, con una balaustrada en forma almenada. Desde ella se divisa, además del pueblo de San Pedro Alcántara, las montañas Penibéticas al norte y el mar Mediterráneo al sur. Y si cerramos los ojos, podemos ver 150 años atrás los campos cubiertos de verdes cañamelares, y el trajín de las mercancías por el rectilíneo carril que desemboca en la playa, vagonetas repletas de sacos de azúcar para ser embarcadas en veleros, mientras otros barcos descargan carbón mineral y piezas de recambio para el funcionamiento de la alcoholera.

Publicado en el programa de la Feria y Fiestas de San Pedro Alcántara 2015.

Entrevista en la Revista del Plan Estratégico

 

REVISTA DEL PLAN ESTRATÉGICO

ENTREVISTA A JOSÉ LUIS CASADO BELLAGARZA

Pequeña semblanza sobre José Luis Casado

Nacido en Málaga y residente en San Pedro Alcántara desde hace más de cuarenta años, es uno de los historiadores locales más reconocidos del municipio, con una larga trayectoria donde ha ostentado el cargo de presidente de la asociación Cilniana y de la asociación San Pedro Alcántara 1860, ambas dedicadas a la divulgación y defensa del patrimonio. 

Tiene toda una vida dedicada a la docencia. Es licenciado en Historia Contemporánea por la Universidad de Málaga y ha obtenido recientemente el título de doctor en Historia, con la tesis «La colonia agrícola de San Pedro Alcántara. 1857-1910».

Es autor o coautor de obras como «La Granja Modelo de San Pedro Alcántara. Un proyecto de innovación agraria», «La muerte del marqués del Duero en la Gaceta de Madrid y en La Ilustración Española y Americana» o «El marqués del Duero y Cataluña». Su interés por la historia local, especialmente la del siglo XIX, se refleja en numerosos artículos de revistas o capítulos de libros, entre ellos «Jugando a dos bandas. Azucareros y banqueros en la colonia de San Pedro Alcántara», «El Patrimonio Histórico Industrial en el municipio de Marbella», «El agua en las colonias agrícolas de San Pedro Alcántara y El Ángel», «Ocultación de la riqueza agraria en el municipio de Marbella. El Catastro de 1897», «Capital físico y humano en la agricultura mediterránea andaluza: la colonia agrícola de “El Ángel” a finales del siglo XIX», «La Sociedad Colonia de San Pedro Alcántara a través de sus balances: 1883-1909», «Los habitantes de San Pedro Alcántara durante la etapa fundacional (1860-1873)».

1. Nuestra ciudad ha atraído a pioneros que realizaron innovaciones importantes, desde Enrique Grivegnée en el Trapiche del Prado, Manuel Agustín Heredia como promotor de la Ferrería de la Concepción, los primeros altos hornos civiles de España, o el marqués del Duero como fundador de la colonia de San Pedro Alcántara. Su tesis doctoral versa sobre el nacimiento de la colonia. ¿Qué destacaría de la figura y de la obra del marqués del Duero?

Manuel Gutiérrez de la Concha fue un militar de renombre, a sus brillantes actuaciones en el campo de batalla unió su tarea como autor de varios libros de táctica. Al mismo tiempo, como integrante de la Unión Liberal, lo que podríamos llamar hoy el centro político, presidió varias legislaturas el Senado. A ello se sumó, su conocimiento de la realidad económica del país. No olvidemos que fue durante varios años capitán general de Cataluña, la región más desarrollada de España.

Quizá eso lo motivara para crear un establecimiento agroindustrial modélico en la costa occidental malagueña (Marbella, Estepona y Benahavís). Con algo más de 3.000 hectáreas, y teniendo como actividad central el cultivo y la molienda de la caña de azúcar en una moderna fábrica de última tecnología, introdujo métodos nuevos de cultivo, con intensificación del regadío, empleo de maquinaria moderna y la creación de una granja escuela para formar capataces. Pero el final no fue nada exitoso, tras agotar los recursos propios (sobre todo los de su esposa, que era la que aportó el capital al matrimonio), no pudo afrontar los pagos de los préstamos recibidos. La venta de la colonia fue el final de la obra bien intencionada del marqués del Duero, aunque el principio de un pueblo, San Pedro Alcántara, que ha perdurado hasta nuestros días.

2. Usted es un gran estudioso de nuestra historia con numerosas publicaciones y defensor del patrimonio local. Si tuviera que elegir un patrimonio entre todos los que alberga nuestro municipio, ¿con cuál se quedaría? ¿Por qué?

Al contrario de lo que podría pensarse, el municipio de Marbella tiene un patrimonio histórico más que notable. El conjunto formado por las termas romanas de Las Bóvedas y la basílica paleocristiana de Vega del Mar, están entre los yacimientos más importantes de su época en Andalucía. A esto se une la villa romana de Río Verde con su original mosaico culinario, la alcazaba de Marbella y su propio casco histórico.

Por afinidad con mi campo de estudio, además del abandonado Trapiche del Prado, junto con a igual de abandonada Ferrería de la Concepción, sumaría en San Pedro Alcántara el Trapiche de Guadaiza y la Alcoholera del antiguo recinto azucarero del barrio de El Ingenio. Por suerte, estos dos últimos enclaves, gracias a la presión ciudadana, gozan de un buen estado de conservación que permite su utilización como recintos culturales, lo que ayuda a la socialización del patrimonio histórico.

3. Si tuviera que elegir un periodo histórico clave para entender lo que hoy somos, ¿con cuál se quedaría?

Lo que ha cambiado la vida de los habitantes de San Pedro Alcántara y Marbella en los últimos 50 años ha sido el turismo. Aparte de estudiar otros periodos históricos, es necesario investigar y difundir lo que ha supuesto el fenómeno turístico como elemento dinamizador económico pero también como promotor de cambio en las mentalidades y de una urbanización del territorio en bastantes ocasiones destructor del paisaje original. En este sentido, es necesario dotar a la población de instrumentos de análisis para evitar que se destruyan de forma irreversible los factores que hacen de la Costa del Sol un destino turístico de primer orden.

4. En el momento que se dedica algo de recursos a investigar o a excavaciones arqueológicas se descubren hallazgos que nos llevan a reinterpretar la historia local y nuestro patrimonio ¿Qué parte de nuestra historia es la más desconocida por falta de investigación?

Por suerte en el municipio, tras la obra precursora de Fernando Alcalá, un conjunto de historiadores hemos tratado temáticas y periodos diferentes de forma complementaria, con publicaciones individuales y en conjunto, sin olvidar los 25 números de la revista Cilniana, que a través de sus tres épocas, son de referencia obligada en cualquier consulta historiográfica sobre Marbella y otros términos del entorno.

No obstante, quedan muchos huecos por cubrir y siempre habrá materia para estudiar. Y las fuentes son cada vez más accesibles, comenzando por las documentales del Archivo Municipal o la sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional, donde se encuentran los fondos del conde de Luque, imprescindibles para el conocimiento de los actuales municipios de Marbella, Estepona y Benahavís.

En cuanto a San Pedro Alcántara, los yacimientos de Las Bóvedas y Vega del Mar no cuentan con estudios definitivos. Y aparte del estudio iniciado por mí sobre la colonia de San Pedro Alcántara, desde su fundación en 1860 hasta la integración en la Sociedad General Azucarera de España en 1910, es necesario continuar para conocer ese proceso que denomino “de colonia agrícola a barriada”, cuando los servicios comunitarios se integran en el Ayuntamiento de Marbella, tras muchos años de autonomía a cargo de empresas poderosas, en el plano económico y de relaciones políticas a nivel nacional.

5. ¿Cuál es su opinión acerca de las posibilidades de las nuevas tecnologías aplicadas a la historia, en especial Internet y las redes sociales, y en concreto para la historia local?

Me parece muy positivo la ampliación de recursos para los historiadores y para los aficionados a la historia local en concreto. Aunque me parece que cada vez se simplifica más, antes eran las webs, después los blogs y ahora las redes sociales, lo cual produce un reduccionismo extremo, no dejo de reconocer su lado positivo.

En cuanto a la historia local no dejan de crecer los documentos accesibles tanto del Archivo Municipal, como el de los Archivos Nacionales. De igual modo, las hemerotecas digitales, en especial la disponible a través de la Biblioteca Nacional, nos ofrecen una información cada vez mayor. Y las redes sociales ayudan a la divulgación, soy usuario de Facebook y se puede encontrar una información interesante, aunque sucede de forma tan rápida que es muy difícil seguirla y por otra parte no deja de ser una iniciación para las personas interesadas, que deben seguir otros procedimientos para profundizar en los diversos temas que allí sólo se esbozan.

 6. Recientemente acaba de impartir una conferencia titulada “Un patrimonio inadvertido: el cementerio de San Pedro Alcántara”. Si tuviera que destacar otro patrimonio local olvidado ¿en cuál pensaría?

El cementerio de San Pedro Alcántara, abierto en 1885, alberga una docena de tumbas centenarias, que merecen ser conservadas como parte de una cultura material pero también como reflejo de una cultura inmaterial.

En cuanto a otro patrimonio olvidado los embalses Viejo y Nuevo de la colonia de El Ángel, juntos con los de la colonia de San Pedro Alcántara, Las Medranas (término de Marbella), y los de Cancelada (Estepona) y La Leche (Benahavís), merecerían una mayor difusión y protección, ya que constituyen el conjunto hidráulico para regadío más numeroso de España, en una fecha muy temprana, antes de que el Estado asumiera la construcción de grandes embalses. Un patrimonio de obra pública único, con enormes valores históricos, medioambientales y de ocio, usurpados en su mayor parte por particulares.

7. Marbella es una ciudad eminentemente turística que ha decidido poner en valor su patrimonio como uno de sus pilares en el desarrollo de la estrategia de excelencia y cultura ¿Es un proceso relativamente fácil dada nuestra historia?

Aunque se están dando pasos para ello, todavía queda mucho para lograr que el patrimonio del municipio cuente con una protección y difusión adecuadas. Es necesario una labor continua en torno a los valores históricos que poseemos, pero lo que tengo claro es que primero debe ser para uso y disfrute de los vecinos, de los ciudadanos sampedreños y marbelleros, quienes desde niños deben ser formados para su conocimiento. En segundo lugar estaría el emplearlos como recurso turístico, un argumento que enlazo con algo que parece olvidarse algunas veces, que las plusvalías de todo tipo generadas por los turistas debe recaer en la población autóctona.

San Pedro y Marbella, una compleja relación a lo largo del tiempo

Nació repartida entre tres términos municipales. En las tierras más fértiles de la costa occidental, el marqués del Duero adquirió un mosaico de fincas para formar su gran latifundio, las 3.340 hectáreas de la colonia agrícola se distribuían casi por igual por Marbella, Benahavís y Estepona.

Las relaciones con los tres ayuntamientos, y las oligarquías que los gobernaban, no fueron buenas desde el principio. El propietario forastero no resultó bienvenido, podía romper el ya conflictivo equilibrio político, y las exenciones tributarias del establecimiento sumaron tensiones al desencuentro.

A ello se sumaban otras subordinaciones por triplicado, juzgados, parroquias o registros de la propiedad. La solución estaba claro para el fundador. Residía en la letra de las leyes sobre colonias y sobre municipios. Con un número determinado de habitantes y posibilidad de financiación se podía constituir un ayuntamiento propio.

En el verano de 1868 casi se logró, en una normativa publicada en el “Boletín Oficial de la Provincia” se reestructuraban diversos municipios. Entre ellos se constituía el nuevo de San Pedro Alcántara. Tenía como base el territorio de la colonia más el término de Benahavís. Pero la revolución de septiembre se llevó por delante estos planes, a la vez que a la monarca Isabel II.

Las posteriores sociedades dueñas de la colonia inyectaron grandes cantidades de capital, sus dirigentes se relacionaban con la élite económica y política del país, mientras que San Pedro Alcántara gozaba de autosuficiencia económica, por lo cual Fernando Alcalá consideraba que sus habitantes habían vivido con escasa relación con Marbella y tenían todo el derecho para autogobernarse.

La venta parcelada de las tierras de la colonia produjo que el Ayuntamiento de Marbella en los años 40 del siglo XX se hiciera cargo de los servicios del pueblo. Pero la atención prestada a San Pedro Alcántara era mínima, a pesar de que los escasos concejales sampedreños nombrados reclamaban una y otra vez más y mejores prestaciones para sus vecinos.

De igual modo, los planes urbanísticos llegados con el desarrollo turístico, marginaron el sector sampedreño, a pesar de las experiencias pioneras del Hotel Rodeo y la Urbanización Guadalmina con el primer campo de golf de la zona.

En las primeras elecciones de 1979 el PSOE prometió independencia de forma clara y directa. Sin embargo, de forma paradójica, los buenos resultados de este partido en la localidad, le hicieron romper el compromiso. Marbella tenía alcalde socialista gracias al voto masivo de los sampedreños.

El incumplimiento continuó en las siguientes elecciones. Manuel López, fiel a la idea de segregación, lideró un nuevo partido, ISP, que logró 5 concejales en 1987. Se iniciaron los trámites administrativos, entre ellos la firma mayoritaria de los ciudadanos ante fedatario público, para lograr un ayuntamiento propio, pero el Parlamento andaluz cambió la ley reguladora y truncó ciertos procesos como el de Torre del Mar o San Pedro Alcántara.

Desde entonces, los trámites se han demorado durante décadas, de ayuntamiento a consejerías, de tribunal en tribunal. Ahora se espera sentencia del Supremo de la nación. Bastantes sampedreños, descontentos por el continuo desinterés de los gobernantes marbellíes ante sus problemas, incluida la anulación por el PP en los últimos años de la Tenencia de Alcaldía, han avalado un nuevo partido, OSP. Con miles de votos se ha convertido en la clave para el gobierno de Marbella.

José Luis Casado Bellagarza

Publicado en el diario SUR, 6 de agosto de 2017

Junto al artículo titulado “San Pedro, en el mapa”, de Nieves Castro

http://www.diariosur.es/marbella-estepona/pedro-alcantara-mapa-20170806215700-nt.html

Paseo por la paradisíaca vega del marqués

Autor: Viejo Pérez

«Mis paseos por la Marbella de todos los tiempos»

VII. Por la paradisiaca vega del marqués

Un desayuno que se precie debe contener un buen zumo de cítricos del Ángel, con su naranja y su pomelo. El nuestro lo incluye y nos lo tomamos en la relajante piscina «del Rodeo» antes de iniciar nuestro séptimo paseo atemporal, en este caso por el espacio sampedreño –ahora que parece tomar decisiones importantes y cobrar mayor protagonismo que en otro tiempo—.

Después del aporte de vitamina C, partimos hacia poniente sin acelerarnos en el tiempo, despacito, contemplando el paisaje. Paramos antes de entrar al pueblo, en «el Cortijo Blanco». Desde aquí alcanzamos a observar como las sampedreñas recolectan con sus manos el algodón de su vega a la vez que canturrean aquella antigua coplilla que decía: “Anda, ve y dile a Mahoma / –agüita del mar de enfrente— / que no busque el Paraíso, / porque el Paraíso es éste”. Algunos entendidos han publicado que fue por ello por lo que don Manuel Gutiérrez de la Concha e Irigoyen descubrió el «Jardín del Edén» entre los ríos Gaudaiza y Guadalmina, donde soñó con el progreso y la innovación antes de perder la vida en la batalla.

Desde el amanecer sampedreño admiramos su «Trapiche de Guadaiza», su «Granja-Escuela» y su «Chambao»; y lo bien que ha “quedao” una vez “rehabilitao” –que lo mismo miramos para atrás que para adelante—. También oímos, a lo lejos, el sonido del silbato de don Antonio Maíz –que también llegó en su seiscientos—, árbitro del partido entre el «Terror» y el «Venero» –que todo es posible en el túnel del tiempo—.

Ahora, realizamos la parada obligatoria a la entrada de San Pedro, en el kiosco de los Gambero que, en los atardeceres de este pueblo, se transforma en el «Bar Málaga». Aquí nos tomamos «un cubata libertario» porque nos ha dicho don José Castellano –en «Mi infancia en San Pedro»— que el café tardan un día en ponerlo.

Ya estamos en «la calle de en medio» ante sus ausentes palmeras. Nos llama la atención que Juan Jiménez –pretendido torero y gran emprendedor— no tenga el reconocimiento de su pueblo; sírvanos el rótulo de su tienda de muebles y electrodomésticos –la mayor de la Costa del Sol durante mucho tiempo— de merecida placa honorífica.

Seguimos por Marqués del Duero arriba hasta llegar a la plaza de la Iglesia donde aparcamos el “símbolo de una época” que nos transporta a todas ellas. En la plaza no hay un alma, solo la «Síntesis» de Espona –que espera su desahucio— y la iglesia –que le costó trece mil duros al señor marqués—. Y, es que los colonos y colonas abarrotan el interior de la parroquia para asistir a la lectura del testamento de doña Petra, la madre de don Manuel. Actúan de albaceas lectoras, cuatro hermosas damas; Silvia, María Luisa, Mari Carmen y Curri –se llaman—.

Por la calle Lagasca nos sorprende la procesión de su franciscano patrón, San Pedro de Alcántara. Seguimos por Revilla hasta el lavadero público y haciendo la rotonda de José Agüera, por «el camino de Ronda», iniciamos la subida hacia Alcuzcuz –aunque no es San José ni nos esperaran los Parladé—.

Tras descansar en la venta, y después de comernos la caza, el agua fresca del «Ingenio» nos sentó de maravilla. Seguidamente, visitamos «la Alcoholera», donde degustamos su espléndido moscatel; la tumba de la dulce Firmana, muerta “el día de las Calendas de Febrero, Martes” y enterrada, aunque era cristiana, en el «Cementerio de los Moros», espacio que, por cierto, ejerce de «play boy» desde el anochecer al alba. Espacio que, aunque oculto en el tiempo, ha permaneció después de que le pasaran por encima, al menos, un tsunami y las máquinas del Ayuntamiento –¿o quizá eran de la Tenencia de Alcaldía?—. Y con esta «linda vista» grabada en nuestras retinas, por orden del «magistrado de Salduba» –la ciudad expoliada— en la urbanización de los Mackintosh echamos «el Ancla» y nos pegamos un baño en su piscina salada, porque las termas ya están cerradas.

Más tarde nos encomendamos a la patrona de los artesanos, la diosa de la sabiduría, las artes y las técnicas de la guerra –tal vez el general aprendiese de ella—; pues, desde siempre, es Minerva la protectora de esta divina vega –como lo es de Roma—. A la caída del sol, abriéndonos paso entre «la cañadú», llegamos a la «Hacienda Guadalmina» para pernoctar en su hotel y, no sin antes de irnos a la cama, visitar sus porquerizas –decana de los campos de golf de nuestro territorio.

 

Nota del coordinador del blog:

Con permiso de Viejo Pérez, seudónimo de alguien que publica en Facebook sobre temas de Marbella, reproducimos su relato en el que enlaza con grandes dosis de conocimiento y pizcas de humor y crítica, el pasado y presente de San Pedro Alcántara. Gracias por hacernos partícipe de este paseo, caballero… o señora.

 

27 de junio de 2017. Homenaje al marqués del Duero

EL MARQUÉS DEL DUERO

Manuel Gutiérrez de la Concha e Irigoyen fue un militar de gran prestigio (alcanzó el grado de capitán general) y un político de alto nivel (presidió el Senado durante varias legislaturas). Pero para nosotros su importancia radica en que fue el fundador de San Pedro Alcántara.

Durante la década de 1850 compró numerosas fincas en los términos de Marbella, Estepona y Benahavís, y donde sólo había cortijos aislados levantó un pueblo. Tres calles: Duero, Lagasca y Pizarro con más de cien casas, desembocaban en una plaza donde edificó la Casa Administración (luego llamada de Robledano y que actualmente no existe) y una iglesia.

En su gran finca de más de 3.000 hectáreas, el marqués experimentó con nuevas plantas y abonos, pero sobre todo cultivó caña de azúcar, por lo que construyó para su molienda una moderna fábrica en lo que ahora es El Ingenio.

Planeó una densa red de carriles y un eficaz sistema de regadío con embalses y acequias que llegaban a gran parte de las tierras del latifundio. Proyectó una granja-modelo o escuela de capataces en un antiguo molino de azúcar, el Trapiche de Guadaiza, con profesores especializados. Además, adquirió maquinaria moderna en distintos países de Europa.

La colonia de San Pedro Alcántara, que así se llamaba la finca, fue reconocida por el Gobierno por sus innovaciones agrarias como un modelo a imitar en el conjunto atrasado del campo andaluz.

Los sampedreños debemos agradecer a este militar y político, metido a empresario, la fundación de lo que hoy es San Pedro Alcántara.

EL 27 DE JUNIO Y LA COLUMNA DE ABÁRZUZA

A pesar de tener más de sesenta años, el general Manuel de la Concha, nuestro marqués del Duero, se puso de nuevo al servicio de España para combatir a los carlistas, que pretendían reimplantar en nuestro país una monarquía absolutista.

Nombrado jefe del Ejército del Norte obtuvo importantes victorias en el País Vasco y se disponía a dar la batalla definitiva en Navarra contra los facciosos, cuando fue herido de muerte en la tarde del 27 de junio de 1874 en Monte Muru, municipio de Abárzuza. Conducido a la casa solariega de la familia Munárriz, donde tenía establecido su cuartel general, falleció poco después.

La columna, cuya fotografía acompaña a este texto, se encuentra en ese lugar. En la ladera de Monte Muru, al borde la carretera que llega hasta el pueblecito de Abárzuza. Fue levantada cinco años después de su muerte como recuerdo al héroe caído en el campo de batalla. Una columna truncada, como rota fue su vida por el amor a la patria. En el pedestal hay varias inscripciones, entre ellas un retrato del marqués del Duero y su escudo nobiliario, parecido al que se encuentra en el Paseo de las Palmeras de San Pedro Alcántara.

Debido a esa fecha, cada 27 de junio se recuerda al fundador de nuestro pueblo.

Este año a la Hermandad de San Pedro de Alcántara se une, como en otras ocasiones, la Asociación San Pedro Alcántara 1860. Con actos que culminarán con la imposición de una corona de laurel en la escultura del marqués del Duero en la rotonda situada detrás de la iglesia.

Efemérides. El capitán Eduardo Sánchez Llanos. Hijo no adoptivo, 13 de enero de 1937


No se imaginaba el alférez Eduardo Sánchez Llanos (1891-1937), comandante del puesto de la Guardia Civil de San Pedro Alcántara, a comienzos del verano de 1936, cuál iba a ser su trágico destino en los próximos seis meses.
Sánchez Llanos había llegado a esta localidad a finales de 1935, después de recorrer el territorio español de norte a sur, siguiendo la estela de sus ascensos, desde La Coruña como guardia de segunda clase de Caballería en 1914, pasando por Toledo, Córdoba ó Burgos, adonde llegó con la graduación de sargento en 1928.
Un itinerario ligado al lugar de nacimiento de sus hijos, fruto del enlace con María Sánchez Quesada, natural de Pozuelo de Calatrava (Ciudad Real), como él. Así, Eduardo había nacido en La Coruña en 1916, Mateo en Cuenca en 1917, Cándido en Almagro en 1920 y Carmen también en Almagro en 1921, Miguel en Benamejí en 1929 y Federico en Tomelloso en 1931.
Vivía con su familia en la calle Revilla (actual acera sur de la plaza de la Iglesia), junto con el resto de guardias civiles del destacamento, cuando se produjo la sublevación contra la República el 18 de julio de 1936. Al igual que ocurrió en la mayoría de los cuarteles de la Guardia Civil de la nación, se mantuvo expectante en los primeros momentos, tras los cuales se puso al servicio del legítimo gobierno constituido en un pueblo en el que las activas Juventudes Socialistas inclinaron desde el primer momento la balanza hacia el lado republicano.
En enero de 1937 “los vecinos compañeros obreros de la pedanía de San Pedro Alcántara” solicitaron al Ayuntamiento de Marbella que al ahora capitán Eduardo Sánchez Llanos, de la entonces denominada Guardia Nacional Republicana se le concediese el título de hijo adoptivo por haber “actuado allí en forma digna y plausible”, según recoge el acta del pleno celebrado el 13 de ese mes.
Sin embargo, los concejales, todos de Marbella y la mayoría anarquistas, se negaron argumentando que el capitán no hizo nada más que cumplir con su deber y que ese tipo de distinciones eran “costumbres anticuadas que hoy es preciso desterrar de las prácticas administrativas”. No obstante, consideraron que podían rendirle otro tipo de homenaje.
Y así se recogió en el punto 3.º del acta de la sesión plenaria, que quedó incompleta, pues en el punto 7.º sólo aparece la cifra, el resto en blanco, ya que Marbella fue ocupada por las tropas del bando nacional el 17, dos días después de haberlo hecho en San Pedro Alcántara.
Un mes más tarde, uno de los primeros condenados a muerte por los consejos de guerra en Málaga, tras la entrada de las tropas vencedoras en la capital fue el capitán Eduardo Sánchez Llanos. Junto con otros oficiales y suboficiales del Ejército, Carabineros y la Guardia Civil, fue fusilado el 12 de febrero de 1937.
Transcurrido el tiempo, su hijo Eduardo Sánchez Sánchez fue durante muchos años maestro, y director del Colegio Público San Pedro Alcántara. Una hija de éste, por tanto nieta del capitán Sánchez Llanos, Francisca Sánchez, casó con José Moreno Naranjo, también maestro, compañero en el Colegio Público La Azucarera y amigo de muchos años y a quien comenté el 23 de diciembre de 2016 (tres días antes de que falleciera durante una subida a La Concha), la intención de publicar este artículo el 13 de enero de 2017, cuando se cumplen 70 años del pleno municipal de 1937 en el que se le negó el título de hijo adoptivo al capitán de la Guardia Nacional Republicana Eduardo Sánchez Llanos.
Para más detalles puede consultarse Alcalá Marín (1988) y Prieto Borrego (en especial 1998 y 2013).

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