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San Pedro Alcántara (Málaga, España). Historia, cultura, actualidad

Primera piedra de las obras de la fábrica azucarera

ACTA DE INAUGURACIÓN DE LAS OBRAS DE LA FÁBRICA AZUCARERA

SAN PEDRO ALCÁNTARA, 12 DE SEPTIEMBRE DE 1870

«En la Colonia de San Pedro Alcántara a las cinco de la mañana del día doce de setiembre de mil ochocientos setenta, los señores Don Ángel María Chacón, Admor. Principal del Excmo. Sr. Marqués del Duero, Don Miguel Falconnet y Guillot, Ingeniero, Don Antonio de Segalerva y Castillo, Jefe de la contabilidad, Don Sandalio Chicote y Fernández, que lo es de Material y ganados, Don Pedro Morito Zamora, Alcalde pedáneo y Presidente del Tribunal agrícola, Don Francisco Pizarro Ramírez y Don Cristóbal Montesinos Naranjo, Vicepresidentes primero y segundo, y Don Martín de Huertas Morales, Secretario de dicho Tribunal, se constituyeron en la primera sección, cuarta división de la Vega del Mar, donde dicho Señor Excmo. tiene dispuesta la construcción de una Fábrica de azúcar; y estando hecho el emplazamiento de la misma, abiertos sus cimientos y dispuesto todo lo conveniente para dar principio a la obra, preparados al efecto los maestros alarifes y demás operarios necesarios por el Señor Administrador Don Ángel María Chacón, en el nombre de Dios y de la Virgen del Pilar, se hizo la colocación de la primera piedra en uno de los cimientos del centro de dicho emplazamiento, donde por el Sr. Presidente del Tribunal Agrícola se colocó la segunda; y autorizando así la inauguración de la obra quedó solemnizado el acto y dado principio a los trabajos que emprendieron los operarios seguidamente.

Y para que conste libramos la presente que queda sentada en el libro de actas de este Tribunal agrícola de cuyo documento se sacarán las copias necesarias que firmadas por los concurrentes se remite al Excmo. Sr. Marqués del Duero.»

Archivo del Marqués del Duero. Jerez de la Frontera

 

La Alcoholera de San Pedro Alcántara

La caña obtenida en las primeras cosechas de la colonia de San Pedro Alcántara se vendía a fabricantes de la capital malagueña, pero el objetivo del fundador, Manuel Gutiérrez de la Concha, era construir un establecimiento industrial para lograr un mayor rendimiento económico. En mayo de 1871 se hizo realidad la apertura de la fábrica en un lugar estratégico, al borde de la carretera Málaga-Cádiz, y situada a un kilómetro del caserío, para evitar molestias a sus habitantes, ahora llamado barrio de El Ingenio y antes de La Azucarera.

En él se sitúan algunos edificios del antiguo complejo fabril, hoy ejemplos de un patrimonio industrial digno de conservar y difundir. El más relevante es, sin duda, el que albergó la fábrica de alcohol, adquirido por el Ayuntamiento a petición de la Asociación de Vecinos Julio Romero de Torres en 1983, aunque el uso inicial de museo que se pretendió no se llevó a cabo, y se dedicó a uso escénico.

Las alcoholeras son complementos indispensables de las azucareras, ya que la melaza, líquido sobrante tras la obtención del azúcar, se puede convertir en alcohol y lograr diversos productos como aguardiente u otros licores, y desnaturalizado puede tener distintos usos en la industria química o farmacéutica.

Esto ocurrió en la azucarera de San Pedro Alcántara, y como en el resto de ellas con el paso del tiempo se remodelaron para adaptarlas a nuevos usos (molienda de caña o de remolacha), modernas tecnologías y cambiantes demandas, ampliando o añadiendo edificios a los originales.

De este modo, y con la dificultad añadida de rastrear en la dispersa documentación existente, conocemos que en los primeros tiempos existía una destilería y una fábrica de aguardiente, y conforme cambió la propiedad del establecimiento se reformó hasta llegar a la definitiva en 1917, como aparece en la fotografía que acompañan estas líneas.

Poco antes, en 1913, la alcoholera registraba una superficie de 1.808 metros cuadrados, de los cuales 680 lo ocupaban los edificios: la torre, que contenía en varias plantas los aparatos de destilación y rectificación, además de los depósitos y la báscula para la melaza, mientras que la nave rectangular adosada se dedicaba a sala de fermentación, aparte existían una sala de máquinas y un local para la venta directa.

Al menos funcionó hasta 1934, más allá del cierre de la azucarera acaecido en 1915. Además de aguardiente de caña, el empleo de aparatos destiladores de hasta 6.500 litros permitía obtener alcohol de hasta 97 grados, e incluso se mezcló con gasolina para fabricar un líquido sustituto de ella.

En la actualidad la torre, de planta cuadrada, mide 10 metros de lado y tiene una altura interior de 15,50 metros, distribuida en tres niveles, con una estructura metálica roblonada (clavos de remache en vez de tornillos). El entramado que soporta la cubierta, de teja plana alicantina, es una estructura de madera formada por cerchas con tirante metálico. En la fachada tiene una cenefa de azulejos con motivos geométricos en blanco y azul, y en relieve sobre un ladrillo en forma de rombo se superpone un cuadrado con las letras SPA entrecruzadas, un logotipo común en otros elementos de la colonia.

Por último, la azotea presenta una forma muy original, con una balaustrada en forma almenada. Desde ella se divisa, además del pueblo de San Pedro Alcántara, las montañas Penibéticas al norte y el mar Mediterráneo al sur. Y si cerramos los ojos, podemos ver 150 años atrás los campos cubiertos de verdes cañamelares, y el trajín de las mercancías por el rectilíneo carril que desemboca en la playa, vagonetas repletas de sacos de azúcar para ser embarcadas en veleros, mientras otros barcos descargan carbón mineral y piezas de recambio para el funcionamiento de la alcoholera.

(Publicado en el programa de la Feria de San Pedro Alcántara 2015)

Entrevista en la Revista del Plan Estratégico

 

REVISTA DEL PLAN ESTRATÉGICO

ENTREVISTA A JOSÉ LUIS CASADO BELLAGARZA

Pequeña semblanza sobre José Luis Casado

Nacido en Málaga y residente en San Pedro Alcántara desde hace más de cuarenta años, es uno de los historiadores locales más reconocidos del municipio, con una larga trayectoria donde ha ostentado el cargo de presidente de la asociación Cilniana y de la asociación San Pedro Alcántara 1860, ambas dedicadas a la divulgación y defensa del patrimonio. 

Tiene toda una vida dedicada a la docencia. Es licenciado en Historia Contemporánea por la Universidad de Málaga y ha obtenido recientemente el título de doctor en Historia, con la tesis «La colonia agrícola de San Pedro Alcántara. 1857-1910».

Es autor o coautor de obras como «La Granja Modelo de San Pedro Alcántara. Un proyecto de innovación agraria», «La muerte del marqués del Duero en la Gaceta de Madrid y en La Ilustración Española y Americana» o «El marqués del Duero y Cataluña». Su interés por la historia local, especialmente la del siglo XIX, se refleja en numerosos artículos de revistas o capítulos de libros, entre ellos «Jugando a dos bandas. Azucareros y banqueros en la colonia de San Pedro Alcántara», «El Patrimonio Histórico Industrial en el municipio de Marbella», «El agua en las colonias agrícolas de San Pedro Alcántara y El Ángel», «Ocultación de la riqueza agraria en el municipio de Marbella. El Catastro de 1897», «Capital físico y humano en la agricultura mediterránea andaluza: la colonia agrícola de “El Ángel” a finales del siglo XIX», «La Sociedad Colonia de San Pedro Alcántara a través de sus balances: 1883-1909», «Los habitantes de San Pedro Alcántara durante la etapa fundacional (1860-1873)».

1. Nuestra ciudad ha atraído a pioneros que realizaron innovaciones importantes, desde Enrique Grivegnée en el Trapiche del Prado, Manuel Agustín Heredia como promotor de la Ferrería de la Concepción, los primeros altos hornos civiles de España, o el marqués del Duero como fundador de la colonia de San Pedro Alcántara. Su tesis doctoral versa sobre el nacimiento de la colonia. ¿Qué destacaría de la figura y de la obra del marqués del Duero?

Manuel Gutiérrez de la Concha fue un militar de renombre, a sus brillantes actuaciones en el campo de batalla unió su tarea como autor de varios libros de táctica. Al mismo tiempo, como integrante de la Unión Liberal, lo que podríamos llamar hoy el centro político, presidió varias legislaturas el Senado. A ello se sumó, su conocimiento de la realidad económica del país. No olvidemos que fue durante varios años capitán general de Cataluña, la región más desarrollada de España.

Quizá eso lo motivara para crear un establecimiento agroindustrial modélico en la costa occidental malagueña (Marbella, Estepona y Benahavís). Con algo más de 3.000 hectáreas, y teniendo como actividad central el cultivo y la molienda de la caña de azúcar en una moderna fábrica de última tecnología, introdujo métodos nuevos de cultivo, con intensificación del regadío, empleo de maquinaria moderna y la creación de una granja escuela para formar capataces. Pero el final no fue nada exitoso, tras agotar los recursos propios (sobre todo los de su esposa, que era la que aportó el capital al matrimonio), no pudo afrontar los pagos de los préstamos recibidos. La venta de la colonia fue el final de la obra bien intencionada del marqués del Duero, aunque el principio de un pueblo, San Pedro Alcántara, que ha perdurado hasta nuestros días.

2. Usted es un gran estudioso de nuestra historia con numerosas publicaciones y defensor del patrimonio local. Si tuviera que elegir un patrimonio entre todos los que alberga nuestro municipio, ¿con cuál se quedaría? ¿Por qué?

Al contrario de lo que podría pensarse, el municipio de Marbella tiene un patrimonio histórico más que notable. El conjunto formado por las termas romanas de Las Bóvedas y la basílica paleocristiana de Vega del Mar, están entre los yacimientos más importantes de su época en Andalucía. A esto se une la villa romana de Río Verde con su original mosaico culinario, la alcazaba de Marbella y su propio casco histórico.

Por afinidad con mi campo de estudio, además del abandonado Trapiche del Prado, junto con a igual de abandonada Ferrería de la Concepción, sumaría en San Pedro Alcántara el Trapiche de Guadaiza y la Alcoholera del antiguo recinto azucarero del barrio de El Ingenio. Por suerte, estos dos últimos enclaves, gracias a la presión ciudadana, gozan de un buen estado de conservación que permite su utilización como recintos culturales, lo que ayuda a la socialización del patrimonio histórico.

3. Si tuviera que elegir un periodo histórico clave para entender lo que hoy somos, ¿con cuál se quedaría?

Lo que ha cambiado la vida de los habitantes de San Pedro Alcántara y Marbella en los últimos 50 años ha sido el turismo. Aparte de estudiar otros periodos históricos, es necesario investigar y difundir lo que ha supuesto el fenómeno turístico como elemento dinamizador económico pero también como promotor de cambio en las mentalidades y de una urbanización del territorio en bastantes ocasiones destructor del paisaje original. En este sentido, es necesario dotar a la población de instrumentos de análisis para evitar que se destruyan de forma irreversible los factores que hacen de la Costa del Sol un destino turístico de primer orden.

4. En el momento que se dedica algo de recursos a investigar o a excavaciones arqueológicas se descubren hallazgos que nos llevan a reinterpretar la historia local y nuestro patrimonio ¿Qué parte de nuestra historia es la más desconocida por falta de investigación?

Por suerte en el municipio, tras la obra precursora de Fernando Alcalá, un conjunto de historiadores hemos tratado temáticas y periodos diferentes de forma complementaria, con publicaciones individuales y en conjunto, sin olvidar los 25 números de la revista Cilniana, que a través de sus tres épocas, son de referencia obligada en cualquier consulta historiográfica sobre Marbella y otros términos del entorno.

No obstante, quedan muchos huecos por cubrir y siempre habrá materia para estudiar. Y las fuentes son cada vez más accesibles, comenzando por las documentales del Archivo Municipal o la sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional, donde se encuentran los fondos del conde de Luque, imprescindibles para el conocimiento de los actuales municipios de Marbella, Estepona y Benahavís.

En cuanto a San Pedro Alcántara, los yacimientos de Las Bóvedas y Vega del Mar no cuentan con estudios definitivos. Y aparte del estudio iniciado por mí sobre la colonia de San Pedro Alcántara, desde su fundación en 1860 hasta la integración en la Sociedad General Azucarera de España en 1910, es necesario continuar para conocer ese proceso que denomino “de colonia agrícola a barriada”, cuando los servicios comunitarios se integran en el Ayuntamiento de Marbella, tras muchos años de autonomía a cargo de empresas poderosas, en el plano económico y de relaciones políticas a nivel nacional.

5. ¿Cuál es su opinión acerca de las posibilidades de las nuevas tecnologías aplicadas a la historia, en especial Internet y las redes sociales, y en concreto para la historia local?

Me parece muy positivo la ampliación de recursos para los historiadores y para los aficionados a la historia local en concreto. Aunque me parece que cada vez se simplifica más, antes eran las webs, después los blogs y ahora las redes sociales, lo cual produce un reduccionismo extremo, no dejo de reconocer su lado positivo.

En cuanto a la historia local no dejan de crecer los documentos accesibles tanto del Archivo Municipal, como el de los Archivos Nacionales. De igual modo, las hemerotecas digitales, en especial la disponible a través de la Biblioteca Nacional, nos ofrecen una información cada vez mayor. Y las redes sociales ayudan a la divulgación, soy usuario de Facebook y se puede encontrar una información interesante, aunque sucede de forma tan rápida que es muy difícil seguirla y por otra parte no deja de ser una iniciación para las personas interesadas, que deben seguir otros procedimientos para profundizar en los diversos temas que allí sólo se esbozan.

 6. Recientemente acaba de impartir una conferencia titulada “Un patrimonio inadvertido: el cementerio de San Pedro Alcántara”. Si tuviera que destacar otro patrimonio local olvidado ¿en cuál pensaría?

El cementerio de San Pedro Alcántara, abierto en 1885, alberga una docena de tumbas centenarias, que merecen ser conservadas como parte de una cultura material pero también como reflejo de una cultura inmaterial.

En cuanto a otro patrimonio olvidado los embalses Viejo y Nuevo de la colonia de El Ángel, juntos con los de la colonia de San Pedro Alcántara, Las Medranas (término de Marbella), y los de Cancelada (Estepona) y La Leche (Benahavís), merecerían una mayor difusión y protección, ya que constituyen el conjunto hidráulico para regadío más numeroso de España, en una fecha muy temprana, antes de que el Estado asumiera la construcción de grandes embalses. Un patrimonio de obra pública único, con enormes valores históricos, medioambientales y de ocio, usurpados en su mayor parte por particulares.

7. Marbella es una ciudad eminentemente turística que ha decidido poner en valor su patrimonio como uno de sus pilares en el desarrollo de la estrategia de excelencia y cultura ¿Es un proceso relativamente fácil dada nuestra historia?

Aunque se están dando pasos para ello, todavía queda mucho para lograr que el patrimonio del municipio cuente con una protección y difusión adecuadas. Es necesario una labor continua en torno a los valores históricos que poseemos, pero lo que tengo claro es que primero debe ser para uso y disfrute de los vecinos, de los ciudadanos sampedreños y marbelleros, quienes desde niños deben ser formados para su conocimiento. En segundo lugar estaría el emplearlos como recurso turístico, un argumento que enlazo con algo que parece olvidarse algunas veces, que las plusvalías de todo tipo generadas por los turistas debe recaer en la población autóctona.Enlace al blog Rosaverde.com

San Pedro y Marbella, una compleja relación a lo largo del tiempo

Nació repartida entre tres términos municipales. En las tierras más fértiles de la costa occidental, el marqués del Duero adquirió un mosaico de fincas para formar su gran latifundio, las 3.340 hectáreas de la colonia agrícola se distribuían casi por igual por Marbella, Benahavís y Estepona.

Las relaciones con los tres ayuntamientos, y las oligarquías que los gobernaban, no fueron buenas desde el principio. El propietario forastero no resultó bienvenido, podía romper el ya conflictivo equilibrio político, y las exenciones tributarias del establecimiento sumaron tensiones al desencuentro.

A ello se sumaban otras subordinaciones por triplicado, juzgados, parroquias o registros de la propiedad. La solución estaba claro para el fundador. Residía en la letra de las leyes sobre colonias y sobre municipios. Con un número determinado de habitantes y posibilidad de financiación se podía constituir un ayuntamiento propio.

En el verano de 1868 casi se logró, en una normativa publicada en el “Boletín Oficial de la Provincia” se reestructuraban diversos municipios. Entre ellos se constituía el nuevo de San Pedro Alcántara. Tenía como base el territorio de la colonia más el término de Benahavís. Pero la revolución de septiembre se llevó por delante estos planes, a la vez que a la monarca Isabel II.

Las posteriores sociedades dueñas de la colonia inyectaron grandes cantidades de capital, sus dirigentes se relacionaban con la élite económica y política del país, mientras que San Pedro Alcántara gozaba de autosuficiencia económica, por lo cual Fernando Alcalá consideraba que sus habitantes habían vivido con escasa relación con Marbella y tenían todo el derecho para autogobernarse.

La venta parcelada de las tierras de la colonia produjo que el Ayuntamiento de Marbella en los años 40 del siglo XX se hiciera cargo de los servicios del pueblo. Pero la atención prestada a San Pedro Alcántara era mínima, a pesar de que los escasos concejales sampedreños nombrados reclamaban una y otra vez más y mejores prestaciones para sus vecinos.

De igual modo, los planes urbanísticos llegados con el desarrollo turístico, marginaron el sector sampedreño, a pesar de las experiencias pioneras del Hotel Rodeo y la Urbanización Guadalmina con el primer campo de golf de la zona.

En las primeras elecciones de 1979 el PSOE prometió independencia de forma clara y directa. Sin embargo, de forma paradójica, los buenos resultados de este partido en la localidad, le hicieron romper el compromiso. Marbella tenía alcalde socialista gracias al voto masivo de los sampedreños.

El incumplimiento continuó en las siguientes elecciones. Manuel López, fiel a la idea de segregación, lideró un nuevo partido, ISP, que logró 5 concejales en 1987. Se iniciaron los trámites administrativos, entre ellos la firma mayoritaria de los ciudadanos ante fedatario público, para lograr un ayuntamiento propio, pero el Parlamento andaluz cambió la ley reguladora y truncó ciertos procesos como el de Torre del Mar o San Pedro Alcántara.

Desde entonces, los trámites se han demorado durante décadas, de ayuntamiento a consejerías, de tribunal en tribunal. Ahora se espera sentencia del Supremo de la nación. Bastantes sampedreños, descontentos por el continuo desinterés de los gobernantes marbellíes ante sus problemas, incluida la anulación por el PP en los últimos años de la Tenencia de Alcaldía, han avalado un nuevo partido, OSP. Con miles de votos se ha convertido en la clave para el gobierno de Marbella.

José Luis Casado Bellagarza

Publicado en el diario SUR, 6 de agosto de 2017

Junto al artículo titulado “San Pedro, en el mapa”, de Nieves Castro

http://www.diariosur.es/marbella-estepona/pedro-alcantara-mapa-20170806215700-nt.html

Paseo por la paradisíaca vega del marqués

Autor: Viejo Pérez

«Mis paseos por la Marbella de todos los tiempos»

VII. Por la paradisiaca vega del marqués

Un desayuno que se precie debe contener un buen zumo de cítricos del Ángel, con su naranja y su pomelo. El nuestro lo incluye y nos lo tomamos en la relajante piscina «del Rodeo» antes de iniciar nuestro séptimo paseo atemporal, en este caso por el espacio sampedreño –ahora que parece tomar decisiones importantes y cobrar mayor protagonismo que en otro tiempo—.

Después del aporte de vitamina C, partimos hacia poniente sin acelerarnos en el tiempo, despacito, contemplando el paisaje. Paramos antes de entrar al pueblo, en «el Cortijo Blanco». Desde aquí alcanzamos a observar como las sampedreñas recolectan con sus manos el algodón de su vega a la vez que canturrean aquella antigua coplilla que decía: “Anda, ve y dile a Mahoma / –agüita del mar de enfrente— / que no busque el Paraíso, / porque el Paraíso es éste”. Algunos entendidos han publicado que fue por ello por lo que don Manuel Gutiérrez de la Concha e Irigoyen descubrió el «Jardín del Edén» entre los ríos Gaudaiza y Guadalmina, donde soñó con el progreso y la innovación antes de perder la vida en la batalla.

Desde el amanecer sampedreño admiramos su «Trapiche de Guadaiza», su «Granja-Escuela» y su «Chambao»; y lo bien que ha “quedao” una vez “rehabilitao” –que lo mismo miramos para atrás que para adelante—. También oímos, a lo lejos, el sonido del silbato de don Antonio Maíz –que también llegó en su seiscientos—, árbitro del partido entre el «Terror» y el «Venero» –que todo es posible en el túnel del tiempo—.

Ahora, realizamos la parada obligatoria a la entrada de San Pedro, en el kiosco de los Gambero que, en los atardeceres de este pueblo, se transforma en el «Bar Málaga». Aquí nos tomamos «un cubata libertario» porque nos ha dicho don José Castellano –en «Mi infancia en San Pedro»— que el café tardan un día en ponerlo.

Ya estamos en «la calle de en medio» ante sus ausentes palmeras. Nos llama la atención que Juan Jiménez –pretendido torero y gran emprendedor— no tenga el reconocimiento de su pueblo; sírvanos el rótulo de su tienda de muebles y electrodomésticos –la mayor de la Costa del Sol durante mucho tiempo— de merecida placa honorífica.

Seguimos por Marqués del Duero arriba hasta llegar a la plaza de la Iglesia donde aparcamos el “símbolo de una época” que nos transporta a todas ellas. En la plaza no hay un alma, solo la «Síntesis» de Espona –que espera su desahucio— y la iglesia –que le costó trece mil duros al señor marqués—. Y, es que los colonos y colonas abarrotan el interior de la parroquia para asistir a la lectura del testamento de doña Petra, la madre de don Manuel. Actúan de albaceas lectoras, cuatro hermosas damas; Silvia, María Luisa, Mari Carmen y Curri –se llaman—.

Por la calle Lagasca nos sorprende la procesión de su franciscano patrón, San Pedro de Alcántara. Seguimos por Revilla hasta el lavadero público y haciendo la rotonda de José Agüera, por «el camino de Ronda», iniciamos la subida hacia Alcuzcuz –aunque no es San José ni nos esperaran los Parladé—.

Tras descansar en la venta, y después de comernos la caza, el agua fresca del «Ingenio» nos sentó de maravilla. Seguidamente, visitamos «la Alcoholera», donde degustamos su espléndido moscatel; la tumba de la dulce Firmana, muerta “el día de las Calendas de Febrero, Martes” y enterrada, aunque era cristiana, en el «Cementerio de los Moros», espacio que, por cierto, ejerce de «play boy» desde el anochecer al alba. Espacio que, aunque oculto en el tiempo, ha permaneció después de que le pasaran por encima, al menos, un tsunami y las máquinas del Ayuntamiento –¿o quizá eran de la Tenencia de Alcaldía?—. Y con esta «linda vista» grabada en nuestras retinas, por orden del «magistrado de Salduba» –la ciudad expoliada— en la urbanización de los Mackintosh echamos «el Ancla» y nos pegamos un baño en su piscina salada, porque las termas ya están cerradas.

Más tarde nos encomendamos a la patrona de los artesanos, la diosa de la sabiduría, las artes y las técnicas de la guerra –tal vez el general aprendiese de ella—; pues, desde siempre, es Minerva la protectora de esta divina vega –como lo es de Roma—. A la caída del sol, abriéndonos paso entre «la cañadú», llegamos a la «Hacienda Guadalmina» para pernoctar en su hotel y, no sin antes de irnos a la cama, visitar sus porquerizas –decana de los campos de golf de nuestro territorio.

 

Nota del coordinador del blog:

Con permiso de Viejo Pérez, seudónimo de alguien que publica en Facebook sobre temas de Marbella, reproducimos su relato en el que enlaza con grandes dosis de conocimiento y pizcas de humor y crítica, el pasado y presente de San Pedro Alcántara. Gracias por hacernos partícipe de este paseo, caballero… o señora.

 

27 de junio de 2017. Homenaje al marqués del Duero

EL MARQUÉS DEL DUERO

Manuel Gutiérrez de la Concha e Irigoyen fue un militar de gran prestigio (alcanzó el grado de capitán general) y un político de alto nivel (presidió el Senado durante varias legislaturas). Pero para nosotros su importancia radica en que fue el fundador de San Pedro Alcántara.

Durante la década de 1850 compró numerosas fincas en los términos de Marbella, Estepona y Benahavís, y donde sólo había cortijos aislados levantó un pueblo. Tres calles: Duero, Lagasca y Pizarro con más de cien casas, desembocaban en una plaza donde edificó la Casa Administración (luego llamada de Robledano y que actualmente no existe) y una iglesia.

En su gran finca de más de 3.000 hectáreas, el marqués experimentó con nuevas plantas y abonos, pero sobre todo cultivó caña de azúcar, por lo que construyó para su molienda una moderna fábrica en lo que ahora es El Ingenio.

Planeó una densa red de carriles y un eficaz sistema de regadío con embalses y acequias que llegaban a gran parte de las tierras del latifundio. Proyectó una granja-modelo o escuela de capataces en un antiguo molino de azúcar, el Trapiche de Guadaiza, con profesores especializados. Además, adquirió maquinaria moderna en distintos países de Europa.

La colonia de San Pedro Alcántara, que así se llamaba la finca, fue reconocida por el Gobierno por sus innovaciones agrarias como un modelo a imitar en el conjunto atrasado del campo andaluz.

Los sampedreños debemos agradecer a este militar y político, metido a empresario, la fundación de lo que hoy es San Pedro Alcántara.

EL 27 DE JUNIO Y LA COLUMNA DE ABÁRZUZA

A pesar de tener más de sesenta años, el general Manuel de la Concha, nuestro marqués del Duero, se puso de nuevo al servicio de España para combatir a los carlistas, que pretendían reimplantar en nuestro país una monarquía absolutista.

Nombrado jefe del Ejército del Norte obtuvo importantes victorias en el País Vasco y se disponía a dar la batalla definitiva en Navarra contra los facciosos, cuando fue herido de muerte en la tarde del 27 de junio de 1874 en Monte Muru, municipio de Abárzuza. Conducido a la casa solariega de la familia Munárriz, donde tenía establecido su cuartel general, falleció poco después.

La columna, cuya fotografía acompaña a este texto, se encuentra en ese lugar. En la ladera de Monte Muru, al borde la carretera que llega hasta el pueblecito de Abárzuza. Fue levantada cinco años después de su muerte como recuerdo al héroe caído en el campo de batalla. Una columna truncada, como rota fue su vida por el amor a la patria. En el pedestal hay varias inscripciones, entre ellas un retrato del marqués del Duero y su escudo nobiliario, parecido al que se encuentra en el Paseo de las Palmeras de San Pedro Alcántara.

Debido a esa fecha, cada 27 de junio se recuerda al fundador de nuestro pueblo.

Este año a la Hermandad de San Pedro de Alcántara se une, como en otras ocasiones, la Asociación San Pedro Alcántara 1860. Con actos que culminarán con la imposición de una corona de laurel en la escultura del marqués del Duero en la rotonda situada detrás de la iglesia.

Efemérides. El capitán Eduardo Sánchez Llanos. Hijo no adoptivo, 13 de enero de 1937


No se imaginaba el alférez Eduardo Sánchez Llanos (1891-1937), comandante del puesto de la Guardia Civil de San Pedro Alcántara, a comienzos del verano de 1936, cuál iba a ser su trágico destino en los próximos seis meses.
Sánchez Llanos había llegado a esta localidad a finales de 1935, después de recorrer el territorio español de norte a sur, siguiendo la estela de sus ascensos, desde La Coruña como guardia de segunda clase de Caballería en 1914, pasando por Toledo, Córdoba ó Burgos, adonde llegó con la graduación de sargento en 1928.
Un itinerario ligado al lugar de nacimiento de sus hijos, fruto del enlace con María Sánchez Quesada, natural de Pozuelo de Calatrava (Ciudad Real), como él. Así, Eduardo había nacido en La Coruña en 1916, Mateo en Cuenca en 1917, Cándido en Almagro en 1920 y Carmen también en Almagro en 1921, Miguel en Benamejí en 1929 y Federico en Tomelloso en 1931.
Vivía con su familia en la calle Revilla (actual acera sur de la plaza de la Iglesia), junto con el resto de guardias civiles del destacamento, cuando se produjo la sublevación contra la República el 18 de julio de 1936. Al igual que ocurrió en la mayoría de los cuarteles de la Guardia Civil de la nación, se mantuvo expectante en los primeros momentos, tras los cuales se puso al servicio del legítimo gobierno constituido en un pueblo en el que las activas Juventudes Socialistas inclinaron desde el primer momento la balanza hacia el lado republicano.
En enero de 1937 “los vecinos compañeros obreros de la pedanía de San Pedro Alcántara” solicitaron al Ayuntamiento de Marbella que al ahora capitán Eduardo Sánchez Llanos, de la entonces denominada Guardia Nacional Republicana se le concediese el título de hijo adoptivo por haber “actuado allí en forma digna y plausible”, según recoge el acta del pleno celebrado el 13 de ese mes.
Sin embargo, los concejales, todos de Marbella y la mayoría anarquistas, se negaron argumentando que el capitán no hizo nada más que cumplir con su deber y que ese tipo de distinciones eran “costumbres anticuadas que hoy es preciso desterrar de las prácticas administrativas”. No obstante, consideraron que podían rendirle otro tipo de homenaje.
Y así se recogió en el punto 3.º del acta de la sesión plenaria, que quedó incompleta, pues en el punto 7.º sólo aparece la cifra, el resto en blanco, ya que Marbella fue ocupada por las tropas del bando nacional el 17, dos días después de haberlo hecho en San Pedro Alcántara.
Un mes más tarde, uno de los primeros condenados a muerte por los consejos de guerra en Málaga, tras la entrada de las tropas vencedoras en la capital fue el capitán Eduardo Sánchez Llanos. Junto con otros oficiales y suboficiales del Ejército, Carabineros y la Guardia Civil, fue fusilado el 12 de febrero de 1937.
Transcurrido el tiempo, su hijo Eduardo Sánchez Sánchez fue durante muchos años maestro, y director del Colegio Público San Pedro Alcántara. Una hija de éste, por tanto nieta del capitán Sánchez Llanos, Francisca Sánchez, casó con José Moreno Naranjo, también maestro, compañero en el Colegio Público La Azucarera y amigo de muchos años y a quien comenté el 23 de diciembre de 2016 (tres días antes de que falleciera durante una subida a La Concha), la intención de publicar este artículo el 13 de enero de 2017, cuando se cumplen 70 años del pleno municipal de 1937 en el que se le negó el título de hijo adoptivo al capitán de la Guardia Nacional Republicana Eduardo Sánchez Llanos.
Para más detalles puede consultarse Alcalá Marín (1988) y Prieto Borrego (en especial 1998 y 2013).

El embalse del Capitán o Pantano Roto


El embalse del Capitán reventó a causa de una tormenta en 1888, ahora se le conoce como el Pantano Roto. El periódico “San Pedro Información”, páginas 12 y 13 (enero 2017), recuerda la historia de éste y otros embalses de las colonias de San Pedro Alcántara y El Ángel al mismo tiempo que alerta sobre la falta de control en las presas y sus posibles fatales consecuencias.

https://issuu.com/spisanpedroinformacion/docs/spi_enero_2017″>

Sobre el embalse del Capitán sabemos que era el más antiguo y de mayor capacidad de la colonia de San Pedro Alcántara, 400.000 metros cúbicos. Se construyó en el arroyo del Capitán, afluente del del Chopo, según una primera información que tenemos del año 1881 y que consta como el único gran embalse construido aparte de presas menores en otros cursos de agua.
Reventó el 5 de septiembre de 1888, debido a las fuertes lluvias que durante algunos días produjeron grandes daños en la comarca y en el resto de Andalucía, y que en San Pedro Alcántara se cobró dos víctimas mortales causadas por un rayo en el cortijo de Las Medranas ese mismo día
Las pérdidas en cultivos y animales causados por la rotura de la presa, cuyas ruinas y entorno se conoce en la actualidad como Pantano Roto, fueron cuantiosas, según el relato del periódico “La Unión Mercantil”:
“…desde el Arroyo del Chopo hasta el mar, o sea sobre un espacio de más de tres kilómetros, la vega había desaparecido por completo, así como la caña, maíces y demás frutos de verano de que se hallaba sembrada.
Las pérdidas se evalúan en más de 30.000 duros [150.000 pesetas], habiendo perecido 150 cabezas de ganado cabrío, 10 de cerdos (sic) y 4 de vacuno.”

Placer de Bóvedas

En el mar Mediterráneo, a unos 8 kilómetros al suroeste de San Pedro Alcántara, se encuentra el bajo, o fondo marino elevado, del Placer de Bóvedas, llamado así por encontrarse frente a las termas romanas del mismo nombre. Tras una profundidad arenosa que alcanza unos 40 ó 45 metros, el Placer de Bóvedas se alza hasta llegar a unos 25 metros, con una longitud de un kilómetro y una anchura de 500 metros. A continuación, hacia el sur, ya el mar va alcanzando una hondura que llega pronto a los 100 metros.

Es un lugar donde tradicionalmente ha habido una abundante pesca. Además, es muy conocido por los aficionados al submarinismo, organizándose visitas para admirar la belleza de su fondo rocoso y la diversidad de fauna, con esponjas, estrellas de mar, caracolas, erizos, pulpos o peces. En este sentido, desde diversas organizaciones se ha solicitado su protección, por la existencia de algunas especies amenazadas de extinción.

Además, en el Placer de Bóvedas se han encontrado restos arqueológicos, como anclas y ánforas. Según la declaración de Zona de Servidumbre Arqueológica, de la Orden de la Consejería de Cultura de 20 de abril de 2009 (BOJA del 29 de mayo).

Muy cerca, se declaró también espació subacuático protegido la desembocadura del río Guadalmina, sobre todo por el hallazgos de fragmentos de ánforas.

En julio de 2016 el periódico San Pedro Información daba cuenta de hallazgos pertenecientes a dos navíos. Uno de ellos podría ser el galeón español San Diego, procedente de América, y hundido en 1630. Otro, el buque francés Lys, embarrancado en 1705.

 

 

El marqués del Duero. De San Pedro Alcántara a Abárzuza

 

Un hecho que trascendió el ámbito personal para incidir en el proyecto empresarial de Manuel Gutiérrez de la Concha fue la muerte de su esposa, acaecida en diciembre de 1871. Debió pesar mucho en el aspecto afectivo pero también en su proyecto sobre la colonia de San Pedro Alcántara, viéndose obligado a desprenderse de ella. En primer lugar pasó a la única hija de ambos y heredera de los bienes de su madre, Petra de Alcántara Gutiérrez de la Concha y Tovar (1846-1908), casada con el marqués de Sardoal,[1] pero ésta tuvo que venderla (en escritura privada en octubre de 1873, hecha pública en marzo de 1874) a los dos mayores prestamistas que habían financiado el proyecto, Joaquín de la Gándara y Luis de Cuadra, porque los ingresos de la explotación agroindustrial no daban ni siquiera para abonar los intereses de los préstamos.

En medio de estas vicisitudes Manuel de la Concha, a pesar de ser uno de los grandes derrotados en la Revolución de 1868, no dejó de interesarse por la política durante los años del Sexenio. El 30 de diciembre de 1869 recibía en Cartagena al nuevo monarca, Amadeo de Saboya, al tiempo que le daba cuenta del trágico fin del presidente del Gobierno, el general Prim.[2] Presentado a las elecciones para senador, fue elegido por la provincia de Málaga en la legislatura de 1871 y en la de 1872 (que suspendería sus sesiones el 14 de junio y sería la última en la que ocupó un escaño en la Cámara Alta).[3] También en febrero de este último año fue nombrado vicepresidente del recién constituido Consejo Superior de Agricultura, por decreto del entonces ministro de Fomento, Francisco Romero Robledo.[4]

Proclamada la República (febrero de 1873), se reunieron en casa del marqués del Duero hasta veinte generales para ofrecer sus espadas a Nicolás María Rivero, presidente del Congreso, por si era necesario para mantener el orden.[5] De igual modo participó en las reuniones posteriores al golpe de Pavía (enero de 1874) donde se dilucidó mantener la forma republicana bajo la presidencia del general Serrano.[6]

Al mismo tiempo seguía acumulando reconocimiento por parte de sus compañeros de armas. Así, en 1871 pronunció el discurso inaugural del Ateneo del Ejército y de la Armada, del cual fue nombrado presidente.[7]

Pero sería en abril de 1874 cuando ocupó de nuevo las primeras páginas de la prensa nacional al ser nombrado general de un cuerpo de ejército en la Tercera Guerra Carlista. Considerado uno de los militares de mayor prestigio de la nación, fue llamado por Francisco Serrano, presidente de la agonizante Primera República, para que lo acompañara en lo que debía ser la campaña definitiva contra los carlistas. Después de una entrada triunfal en Bilbao el 2 de mayo de 1874, tras la liberación del cerco al que había estado sometida por el enemigo, Serrano regresó a Madrid y Concha quedó como general en jefe del Ejército del Norte. Continuó los avances en el escenario bélico a la vez que en el político se preparaba, bajo la dirección de Cánovas del Castillo, para la proclamación como rey del exiliado príncipe Alfonso. Concha participaba del pronunciamiento, pero antes pretendía conquistar Estella, considerada la capital del otro bando. Muy cerca de ella, en la batalla de Monte Muru —Abárzuza en la bibliografía carlista— una bala acabó con su vida el 27 de junio de 1874. Su muerte provocó la desbandada del ejército liberal a la vez que el retraso de la victoria definitiva.[8]

A pesar del revés económico, muchos especialistas reconocieron su mérito, como Ramón Torres Muñoz de Luna. ingeniero agrónomo y catedrático de Química general de la Universidad Central, quien elogiaba en 1881 dos figuras en relación al progreso de la agricultura en España, Fermín Caballero y el marqués del Duero:

 Igualmente creo deber consignar en este momento algunas frases de altísima gratitud a la memoria del inolvidable señor marqués del Duero, del gran militar, del ilustre caballero que no tan solo regó profusamente con su sangre los campos de batalla y selló su heroísmo cumpliendo como bueno y distinguido capitán, muriendo gloriosamente al frente de sus soldados, sino que además comprometió su fortuna por desenvolver la riqueza agrícola de nuestro país, creando una importante colonia; modelo y ejemplo de lo que puede el amor patrio de un hijo ilustre de la noble España.[9]

 Estos hechos, los de su muerte y los preparativos para la restauración borbónica, cuenta con amplias referencias historiográficas, como la del marqués de Lema, que menciona también su faceta empresarial:

 Concha, como otros muchos hombres de talento, fue calamitoso para su familia… Así ocurrió con la gran colonia de San Pedro de Alcántara, en la provincia de Málaga. Entre las locuras del marqués del Duero y los vicios de su yerno, el marqués de Sardoal, la considerable fortuna de la condesa de Cancelada, esposa de aquél, llegó casi destruida a la siguiente generación.[10]

 Carlos Seco no está de acuerdo con la «locura» que le achaca Lema. Para Seco «el riesgo rebasó las previsiones», en las empresas económicas, al igual que podía pasar en la vida militar.[11]

 De igual modo, Manuel Espadas se ocupa del marqués del Duero con cierta extensión en un capítulo de su libro sobre la restauración en el trono de Alfonso XII, valorándolo como militar y en menor medida como político y empresario:[12]

 Si sus condiciones de político no corrían paralelas a su clase de soldado, tampoco sus aficiones financieras le depararon mucho éxito. Casado con la condesa de Cancelada, cuya fortuna fue en parte derrochada por sus proyectos industriales y agrícolas, la ya mermada herencia que recibió su única hija terminó de dilapidarla su yerno el marqués de Sardoal.[13]

 Así acabó su vida Manuel Gutiérrez de la Concha, al que se le rindieron honores de héroe nacional, aunque según algunos autores pronto se le olvidó.[14] Sus restos mortales descansan hoy en el Panteón de Hombres Ilustres de la Basílica de Atocha, de Madrid.[15] De igual modo, en la capital de España, en una rotonda del Paseo de la Castellana, se levantó una estatua ecuestre en su honor.[16] Un inesperado final para aquel niño nacido en la América española en 1808, el cual había alcanzado la cima en su carrera militar y se había codeado con el poder político de mediados del ochocientos, pero que en sus últimos años había fracasado como empresario en San Pedro Alcántara, un lugar que además de intentar convertir en ejemplo de innovación agroindustrial estaba llamado a ser su retiro dorado en la ancianidad, de lo que no cabe ninguna duda, ya que en su testamento expresaba, al igual que lo hacía su esposa en el suyo, que su cuerpo fuese enterrado en el cementerio de la colonia:

 Quiero que mi cadáver sin ser embalsamado, con el uniforme de capitán general del Ejército, sea colocado en una caja sencilla sobre el suelo de la iglesia con cuatro hachones, pues prohíbo toda clase de ostentación y lujo. Después de dicha la misa de cuerpo presente será conducido a hombros de soldados al cementerio donde deba depositarse hasta que mis hermanos resuelvan sea trasladado al cementerio de la colonia de San Pedro Alcántara, término de Marbella, fundada por mí durante mi matrimonio con doña Francisca Tovar y Gasca, condesa de Cancelada, marquesa de Revilla, y donde también debe ser trasladado el cadáver de mi mujer, según su última voluntad.[17]

 Extraído de:

 La colonia agrícola de San Pedro Alcántara. 1857-1910, de José L Casado Bellagarza

  

 



[1] Con el que había contraído matrimonio en 1866. El marqués de Sardoal, Ángel Carvajal y Fernández de Córdoba (1841-1898), pertenecía a una familia de la nobleza dueña de grandes propiedades cuyo título de más abolengo era el ducado de Abrantes, que heredaría a la muerte de su padre (1890). Sin embargo, su participación política se alejó de posturas conservadoras. Licenciado en Derecho, durante el Sexenio Democrático se incorporó al Partido Radical y al final de este periodo apoyó la figura de Amadeo de Saboya como nuevo rey de España. Fue diputado y senador; alcalde de Madrid en 1872 y en 1874 y presidente de la Diputación Provincial de Madrid en 1886. Su máxima responsabilidad política la alcanzó, siendo miembro del Partido Liberal entre octubre de 1883 y enero de 1884, como ministro de Fomento en el Gobierno de Posada Herrera. Su desmedida afición al juego le acarreó graves problemas económicos, que también afectaron al patrimonio de su esposa, especialmente desde que ésta recibió la herencia de sus padres. Carasa (1997a), pp. 190-191 y Cano (2010).

[2] Bastarreche (2007), p. 339.

[3] La primera elección tuvo lugar en Málaga el 21 de marzo de 1871, la segunda el 15 de abril de 1872. AS, leg. HIS/0146/5, Expediente personal del senador marqués del Duero.

[4] Decreto de 23 de febrero de 1872, Gaceta de Madrid, 24 de febrero de 1872. El presidente del consejo era Francisco Serrano, duque de la Torre, mientras que el marqués del Duero aparece como el primero de los cuatro vicepresidentes.

[5] Lema (1927), pp. 495-500. Ruiz de Azúa (2005), pp. 32-33, en este trabajo la autora, conocedora del archivo personal del marqués, traza una magnífica reseña de quien considera «poliédrico» personaje.

[6] Fernández Almagro (1967), pp. 213-215.

[7] Duero (1871), pp. 12-17.

[8] La escena de su mortal herida fue reproducida en periódicos ilustrados de todo el mundo, como se puede consultar en la tesis doctoral de María Dolores Bastida de la Calle (1993), o en algunos de sus artículos, como en Bastida (1990). Las noticias de su muerte en La Ilustración Española y Americana y en la Gaceta de Madrid en Casado (2006b). Por su parte Pablo Larraz (2013) ha publicado un exhaustivo estudio dedicado a la batalla y al fallecimiento posterior en Casa Munárriz en Abárzuza, donde tenía establecido su cuartel general. Queremos hacer constar aquí nuestro reconocimiento a María Jesús Munárriz y a su familia, propietaria de la casa, quien siguiendo una noble tradición familiar conserva la cama donde murió Concha y otros objetos de la época, en un verdadero homenaje al militar liberal, y que nos recibió con toda hospitalidad en febrero de 2012.

[9] Torres (1881), pp. 12-13.

[10] Lema (1927), pp. 675-676.

[11] Opina que Lema muestra antipatía hacia al general Concha, Seco (1986), p. 46.

[12] Espadas (1975), pp. 327-335, un texto casi idéntico en una obra colectiva sobre historia del Ejército español, Espadas (1987), pp. 135-138.

[13] Espadas (1975), p. 329.

[14] Ibídem p. 335, citando fuentes diplomáticas francesas.

[15] Para el Panteón véase Fuentes y Tevar (1992) y Boyd (2004).

[16] Inaugurada el 27 de junio de 1885, Melendreras (1992).

[17] Testamento cerrado que hizo el 27 de marzo de 1874 y se protocolizó el 28 del mismo mes en la notaría de Vicente Callejo Sanz. AHPM, leg. 31.134. fols. 7.168-7.476.Inventario y partición de los bienes de los marqueses del Duero. Madrid, 31 de diciembre de 1875. Las líneas transcritas en el fol. 7.206 v.

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