Efemérides. 29 de marzo de 2007
El 29 de marzo de 2007 Francisco de Asís López Serrano, director del Archivo Municipal de Marbella y crítico literario, presentaba en la F.N.A.C. de Marbella la novela Historia Casual de San Pedro, de José Antonio Moreno Durán, que había tenido una primera presentación en San Pedro Alcántara el 2 de febrero.
Reproducimos aquí las palabras, siempre precisas y sugerentes, de Francisco de Asís López:
Voy a comenzar confesándoles algo intrascendente: me gusta presentar libros, y lo que más me gusta, lo que en verdad me divierte, es ilustrarlos con aforismos que vengan al caso o con invocaciones a algunas sentencias conminatorias que giren en torno a las incontables ventajas de la literatura. Así, sacando a paseo mis lecturas, alcanzo los cinco minutos de gloria a los que todos tenemos derecho. Pero lo cierto es que las más de las veces esos preámbulos sólo consisten en unos largos y lucidos discursos cuyo contenido, de tan manido, ha dejado de incidir o, mejor, de seducir a un público que, por lo demás, no necesita que le expliquen las bondades o maldades, las trampas y los trucos del juego literario. De ahí que hoy me olvide de esa inútil y presuntuosa vocación mía de convencer a los convencidos e introduzca directamente, si no el libro, al menos el tema que sustenta el relato, que no es otro que San Pedro Alcántara y su conflictiva relación con Marbella.
Sobre San Pedro se han escrito algunos libros de historia y bastantes artículos a cargo de José Luis Casado, Lucía Prieto y Fernando Alcalá Marín. Con los estudios del primero de estos autores, sobre todo, el conocimiento del legado histórico de lo que en su día fue la colonia de San Pedro creo que está suficientemente explícito, a falta sólo de compactar las reflexiones, reunir todos los trabajos en un solo corpus, llevarlo a una imprenta y editarlo. Y es que, aunque parezca baladí, el hecho de publicarse una obra con ese título -Historia de San Pedro Alcántara- supondría un factor coadyuvante, un elemento identificador más a tener en cuenta, un componente más a añadir en el eterno proceso de segregación del pueblo. En este sentido, les recuerdo que durante la época isabelina, cuando se erigieron los fundamentos del Estado moderno español, las Historias de España que se fueron sucediendo jugaron un papel muy relevante en el proceso de nacionalización del Estado. El hecho de tener un pasado escrito que ocupe un espacio físico en las estanterías parece dar más legitimidad al presente, al presente reivindicado.
Como digo, mucho es lo que se ha escrito ya sobre esta «ciudad sitiada», según el exagerado y dolorido sentir, pero sentir al fin y al cabo, de mi querido José Luis Casado. Mas con estar sitiada o hastiada, como dicen algunos, no había dado ni para un cuento hasta que la imaginación literaria de José Antonio Moreno Durán parió esta hermosa novela; nunca se había recurrido, como ahora, a ese inquieto escenario para representar ninguna historia.
De José Antonio Moreno Durán supongo que se podrían contar muchas cosas, pero yo sólo me sé unas cuantas: que nació el 1 de marzo de 1971 en San Pedro, que cursó estudios de Empresariales en Málaga, que después se agarró a su gran pasión, la Historia, a la que aún sigue aferrado. Que, entretanto, a los veinte años se coló en la ejecutiva de la Asociación Pro Independencia de San Pedro I.S.P. (Independentistas de San Pedro), llegando a ser secretario de Juventudes, para participar después en la lista electoral que concurrió a las elecciones de 1995. Que durante cuatro años residió en París, donde tuvo la oportunidad de trabajar en distintos medios culturales (Museo de Luxemburgo) y trabar amistad con una serie de jóvenes escritores, periodistas o realizadores latinoamericanos que, como él, ampliaban sus estudios o simplemente buscaban su particular domicilio estético. Que Historia casual de San Pedro fue en buena parte escrita en París. Que en el 2003 arropó como número dos de la lista a Francisco Pedrazuela, líder del partido GIM-SP (Grupo Independiente por Marbella y San Pedro); que desde finales del 2006 ostenta la Secretaría General de una nueva formación política independiente creada en San Pedro (Opción Sampedreña), de la cual es miembro fundador, y que concurrirá a las próximas elecciones municipales de mayo del 2007.
En resumen: un activista, con una biografía impaciente, que oscila entre la política y las letras; aunque, con San Pedro en el tablero, se podría decir que más bien se debate entre las armas y las letras. Así de bélico o vigoroso o impetuoso se me representa a mí el mundo de la «sampedreñía» militante. Aunque la sangre nunca llegue al río, ni al Verde ni al Guadaiza. Pero sigue en el tajo, porque una sentencia judicial no paraliza la voluntad de muchos a los que la idea de una ciudad completa los subyuga. Y con esa idea, y con la voz tranquila pero potente claman lo que los contraría; y con los lápices afilados, escriben su historia y su vida, su realidad y su ficción.
Y este estado de cosas es el que alienta Historia casual de San Pedro. Una novela que aúna militancia, historia y literatura, y que contiene todos los ingredientes para convertirse en un nuevo referente, ahora estético, del movimiento independentista. Y para ello, para elaborar el artefacto en cuestión, se requería una trama argumental sencilla: las circunstancias que rodean a una serie de personas, afiliados del ISP, que se enfrentaron al fenómeno GIL desde 1991 a 1995; las ilusiones puestas en un proyecto indiscutible; las heridas o decepciones sufridas. Su épica individual durante y después de librar aquella desigual batalla contra un enemigo casi monstruoso, que nos ha gobernado prácticamente hasta hace un cuarto de hora con las consecuencias de todos conocidas. Este libro trata sobre esas personas y sobre su manera de vivir tanto sus propias biografías como la historia común que les tocó protagonizar durante un tiempo al que es difícil adjetivar con originalidad, pero de cuyos tonos pardos, grises oscuros casi negros, ya casi nadie tiene duda.
El entramado novelesco se teje con varios materiales: la fotografía, para plasmar los mecanismos que puso en marcha el aparato gilista, en donde se dan cita el clientelismo, los palmeros, las firmas en contra de la independencia, las calumnias de La Tribuna; todas las perversiones que el gobierno municipal auspició están debidamente inventariadas; yo diría que esas imágenes las clava. Por su parte, recurre a las expresiones más sentidas en las páginas que recuerdan las destrucciones del patrimonio: la Casa Robledano, la Casa de Dependientes, El Ángel. Se apoya en la ironía cuando relata las vicisitudes del expediente de segregación. El expediente por antonomasia. Y acude a la pura literatura para esos discursos interiores, para las reflexiones en las que el narrador se plantea cómo casi todo un pueblo pudo ser abducido. Y también recurre a la literatura destilada para hablar del amor. En mi opinión, Moreno Durán consagra parte del núcleo de su relato a sondear esos mecanismos del poder ejercido y orientado hacia unos intereses espurios, en el que el ensañamiento contra el pensamiento disidente contó con un silencio abrumador por parte de la ciudadanía y la aquiescencia de algunos poderes. Y deja otra parte para indagar sobre las sorpresas que aún nos proporciona una de los motivos literarios más antiguos de los que tenemos noticias: el conocimiento amoroso.
Aunque dividido en tres partes, el libro en realidad se encarna en dos cuerpos. Por un lado, las 100 primeras páginas, que constituyen una crónica que recorre desde el alba de la ciudad hasta los años 60 o 70; el resto es un relato que se complica con ciertos recursos literarios, sobre todo temporales, y que se centra, fundamentalmente, en los años de la primera corporación gilista. A primera vista, la narración de los momentos iniciales de la colonia, desde la llegada del marqués del Duero, puede parecernos un aderezo prescindible, un ejercicio de erudición innecesario, pero eso sería un reduccionismo, una simpleza, la misma que nos llevaría a creer que los protagonistas de la novela de Moreno Durán son esos personajes que se reúnen en torno al bar de El Rata o en la sede del partido o en esos garitos y cubiles que frecuentan. Con ser importantes los personajes, de hecho sostienen la narración, no podemos obviar que José Antonio ha escrito este texto teniendo bastante claro que el protagonista iba a ser el pueblo de San Pedro Alcántara, proponiendo su novela como una reivindicación indisimulable de ese mismo pueblo. Por eso, cuando analiza, a través de los actores que suben al escenario de su relato, las cosas que sucedieron durante esos ominosos años en los que la fuerza bruta de un partido sin partido ejerció el poder a su antojo y en su propio y único interés, cuando uno se detiene en esas cogitaciones del autor aparece de forma nítida que el sujeto de la oración, el sujeto paciente no es otro que el mismo pueblo de San Pedro. Por eso necesita contarnos la historia entera de su pueblo.
De los personajes, los más acabados, obviamente, son el narrador-protagonista, Amadeo Guerrero y su amigo Paco Cadenas; este último sobre todo después de esa anagnórisis que son los últimos capítulos, en donde desfilan una serie de personajes cuyos testimonios nos van a permitir conocer la verdadera identidad del amigo de Amadeo. Paco Cadenas y Amadeo Guerrero, entre otras virtudes, parecen personajes traídos del París bohemio: borrachos, cariñosos, puteros, intelectuales, porreros, escritores y políticos. Personajes cargados de malditismo, coetáneos de Baudelaire, de Rimbaud, y también de la estética de la gauche divine catalana, y amantes de Luis Cernuda.
Todo esto nos ofrece esta novela, que, además, presenta una factura técnica impecable, un amplio registro lingüístico, una novela muy bien armada, que se crece en los meandros y en las exploraciones interiores exhaustivas, que recurre espontáneamente a la amplificatio como modo de desarrollo narrativo. Porque después de una exposición general de acontecimientos acaecidos en San Pedro durante los primeros 120 años de existencia, el autor detiene la cámara y acerca el objetivo a unas gentes concretas de las que extrae muestras de su conflictiva vida interior y su relación con una idea: San Pedro; y permitiéndose, además, algunos guiños metaliterarios y quijotescos, como cuando en el capítulo XXIII se habla de alguien que está escribiendo una historia novelada de San Pedro (lo que este libro es, al fin), y en la que en el epílogo concurren realidad y ficción y dosis de azar suficientes como para resolver de forma convincente las cuestiones planteadas a lo largo del relato.
Por último, me gustaría añadir que creo firmemente en la dignidad de esta novela porque, más allá de sus connotaciones políticas, por encima de sus reivindicaciones y alusiones a cualquier tipo de agravio, es una pieza literaria de indudable valía, y porque los comportamientos, las reacciones, las traiciones y las lealtades forman parte de un mismo catálogo, tan humano como universal.
Muchas gracias

29/Marzo/2009 14:58
Agradezco, y lo hago casí enrojecido de pudor, a J. L. Casado la deferencia que ha tenido al publicar esta hermosa introducción de nuestro común amigo Francisco de Asís López.
Estas cosas son las que a uno le hacen recapacitar para volver al camino de la creación que nunca debí dejar o aparcar momentáneamente.
03/Abril/2009 11:40
Me pareció un buen libro, de agradable lectura. La presentación de F. López, que tuve la suerte de escuchar, fue hermosa y entrañable. Le felicito sr. Casado por recordarla, su gesto le honra.