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San Pedro Alcántara (Málaga, España). Historia, cultura, actualidad

Efemérides. 10 de diciembre de 1949

Virgen Fatima 1949

El 10 de diciembre de 1949 llega a San Pedro Alcántara una imagen de la Virgen de Fátima que recorría España, a semejanza de otros recorridos similares que se habían organizado por Europa.

El cortejo, organizado por la orden religiosa de los Misioneros del Corazón de María, causaron unos gastos de 350 pesetas, que fueron abonados por el Ayuntamiento de Marbella.

En la fotografía, del Archivo de la Hermandad de San Pedro de Alcántara, tomada desde la entrada oriental de la localidad, se puede apreciar el edificio del antiguo hospital de la colonia (el del tejado más oscuro), donde en esos momentos  tenía su sede la Hermandad de Labradores y una escuela de niños, y la doble fila de palmeras que adornaban la entrada del pueblo.

Salobreña 2006: la última zafra

Vega Salobrena

Podría tratarse de los campos de caña de San Pedro Alcántara con la Sierra de las Nieves al fondo. Pero no. Se trata de la hermana mayor de las montañas andaluzas: Sierra Nevada, con la vega de Salobreña plantada de caña dulce. Una planta que hasta el año 2006 se molturaba en la Fábrica de Nuestra Señora del Rosario, la última en Andalucía, España y Europa que se dedicaba a estos menesteres.
José María Fiestas, conocedor de que la zafra de ese año sería la última, fotografió con detalle y esmero todo el proceso, desde la corta de la cañadú hasta el envasado del azúcar en los sacos para su distribución y venta, pasando por el proceso industrial. Imágenes que constituyen una reliquia de una actividad agrofabril con más de quinientos años de existencia, que tuvo en Salobreña su último bastión.
La primavera de 2004 algunos sampedreños, en una visita organizada por Cilniana y excelentemente guiada por el profesor Giménez Yanguas, penetramos en el corazón de la vetusta fábrica de Salobreña. Los olores que emanaban de la azucarera y de la alcoholera nos impregnaron un recuerdo inolvidable de una cultura que acababa.
Ahora, las magníficas fotografías de José María Fiestas, en 125 páginas tamaño folio, nos ha avivado ese recuerdo. Y forman un libro imprescindible en la biblioteca de todo aquel que ame esa historia común que fue el cultivo cañero en la costa mediterránea andaluza.

Cortador Salobrena

FIESTAS, José María (2011), La caña de azúcar: la última azucarera de Europa. Salobreña, Granada. Sugarcane: the last sugarcane mill in Europe. Salobreña, Granada. Motril, Fuente Aporta Ediciones.

El libro sólo se puede adquirir por Internet, a través de:
http://www.fuenteaporta.es/

Fabrica Salobrena

Efemérides. 25 de noviembre de 1958

Victor Serna Estepona

Hoy se cumplen 52 años de la muerte en Madrid, el 25 de noviembre de 1958, del escritor y periodista Víctor de la Serna Espina, que estuvo bastante relacionado con Málaga.

Habiendo vivido en Marbella y Estepona su desaparición fue muy sentida en la Costa del Sol, según se puede apreciar a través de la nota que se publicó en el diario Sur el día 26 (foto de arriba) y el artículo de Santiago Souvirón (foto de abajo), donde cita, entre otros lugares de la comarca preferidos por Víctor de la Serna, la basílica paleocristiana de San Pedro Alcántara.

Como un malagueño

El marqués de Sardoal

Marques de Sardoal RV

Ángel Carvajal y Fernández de Córdoba se casó en 1866 con Petra Gutiérrez de la Concha, hija del marqués del Duero. Ángel había nacido en Granada el 23 de diciembre de 1841 y moriría en Madrid el 4 de enero de 1898. Recibió de su padre en su juventud el título de marqués de Sardoal y a la muerte de aquél (en 1890) el ducado de Abrantes.
A pesar de pertenecer a una de las familias de más abolengo de la aristocracia española rompe moldes. Después de estudiar la carrera de Derecho participará activamente en política en el liberalismo más radical. Un elemento que caracteriza su biografía junto con su desmedida afición al juego, que le acarreó graves problemas económicos, y que afectará al patrimonio de su esposa, especialmente desde que ésta heredó, primero a su madre, fallecida en 1871, y luego a su padre, el marqués del Duero, en 1874.
El marqués de Sardoal fue uno de los promotores de llamada Noche de San Daniel que en 1865 provocó la caída del Gobierno de Narváez.
En 1867 es elegido diputado por Cáceres, como miembro de la Unión Liberal, partido en el que su suegro ocupaba un lugar destacado entre sus dirigentes.
Durante el Sexenio Democrático militó en el Partido Radical. Y al final de ese periodo apoyó la figura de Amadeo de Saboya como nuevo rey de España, aunque no dudó en amenazarlo con una sublevación de la milicia si no destituía al Gobierno de Sagasta, mientras era alcalde de Madrid, cargo que desempeñó entre el 1 de febrero y el 23 de septiembre de 1872 y también en 1874. Asimismo fue presidente de la Diputación Provincial de Madrid en 1886.
Tras la restauración borbónica se incorporó de nuevo al Parlamento y se caracterizó por una tenaz oposición a los gobiernos de Cánovas del Castillo, no dudando en batirse en duelo en dos ocasiones con el hábil amañador electoral canovista, el antequerano Romero Robledo.
Posteriormente pasó al Partido Liberal y en el Gobierno de Posada Herrera fue titular de la cartera de Fomento entre octubre de 1883 y enero de 1884.
En 1886 era senador y cuando murió, en 1898, pertenecía al Congreso de Diputados.

Datos recogidos fundamentalmente de:

CANO GARCÍA, Juan Antonio (2009-2011), «Ángel Carvajal Fernández de Córdoba», en Diccionario biográfico español, Madrid, Real Academia de la Historia, tomo XI, pp. 843-844.

Mi infancia en San Pedro Alcántara

Casa Administracion 1962

Casa de Administración o de Robledano, en la plaza de la Iglesia

RECUERDOS DE MI INFANCIA EN SAN PEDRO ALCÁNTARA 

Por José Castellano Alarcón

El título de este artículo quizás pueda parecer un lugar común, pero no es así porque con el mismo quiero expresar un sentimiento de enraizamiento muy profundo a la tierra, al pueblo donde vi la luz por primera vez.
Recuerdo mis primeros años jugando en la finca de mis abuelos, José Alarcón y Josefa López, en El Ingenio, cuya casa, muy grande, (mis abuelos tuvieron diez hijos), tenía anejos un gran patio para albergar carros, arados y aperos de labranza, además de un gallinero y un tinado para vacas y bueyes que, junto con mulas, eran utilizados en las distintas labores. Me viene también a la memoria un automóvil en un cobertizo, no sé si era Buick o Ford, probablemente el único de San Pedro en aquel tiempo y apenas utilizado por la falta de combustible. Estas tierras estaban regadas por las aguas del pantano de La Leche y la acequia de Guadalmina. Ellos no dudaron en apostar por San Pedro Alcántara y más tarde sus hijos, que tanto dieron a nuestro pueblo con su trabajo. Los productos agrícolas eran enviados, al igual que de otras fincas vecinas, principalmente para su consumo en Gibraltar, Algeciras y Ceuta, acarreados por transportistas de la vecina Estepona hasta el mercado de mayoristas de La Línea y a Algeciras para su embarque.
Cómo recuerdo a otros agricultores locales conocidos pero hoy lejanos en la memoria, (Manuel Duarte, cuya lucha por el agua de riego era proverbial, -pueden preguntar a mi amigo Ignacio López “El Mecha”, que por aquel entonces era y fue por mucho tiempo, alcalde del agua-, José Sánchez, Antonio Martín,- de la finca Los Perales-, más aquellos que en el momento de escribir esto lamento de veras no recordar. También recuerdo como mi abuela, una mujer menuda pero de fuerte carácter y gran bondad, se preocupaba al llegar el mal tiempo en invierno de preparar, al igual que otras familias, productos del campo y de la matanza, para ayudar a los pescadores que venían de Marbella a San Pedro cuando los temporales en la mar no les permitían faenar, a paliar sus necesidades alimenticias. En San Pedro siempre ha habido solidaridad entre sus habitantes y con los otros pueblos.
Recuerdo a mi primer maestro, entre 1947 y 1948, D. Ramón, una persona admirable, con su pelliza en invierno, maestro rural con el que aprendí las primeras letras, que vino de otras tierras, incapacitado legalmente para el ejercicio de su magisterio por haber estado durante la guerra en zona republicana, que daba clases en las casas del campo por unas pesetas más la comida y se alojaba en la posada.
No puedo olvidar la llegada de un muy joven párroco D. Francisco Espada Gallardo, de feliz memoria. Había que verlo los domingos por la mañana, después de misa, paseando por los campos para ver a los que no habían ido a la Iglesia y estaban trabajando para reconvenirles; luego, por la tarde-noche, mandaba al cabo de la Guardia Civil al baile de Salvador Espada, “el Ratón”, para comprobar que no hubiera jóvenes menores de edad y se guardaban las formas morales de la época. Con el tiempo se fueron relajando las conductas.
Fue un gran acontecimiento para la parroquia la llegada, en un frío 21 de enero de 1956, del Obispo D. Emilio Benavent Escuin, auxiliar del Cardenal D. Ángel Herrera Oria en Málaga, para las, que creo, primeras confirmaciones de la postguerra, siendo el que esto escribe uno de los confirmados.
Por aquella época llegó el nuevo médico titular de Sanidad, D. Eduardo Evangelista Arenas, de grata memoria para todos, con su peculiar buen carácter y gran profesionalidad, cuando ser médico de pueblo exigía estar disponible día y noche y preparado para acudir a donde fuera, con buen o mal tiempo, lo que hacía gustosamente sin quejas. San Pedro lo recordará siempre y se honra de haberle dedicado una calle con su nombre.
La Diputación Provincial había construido en la prolongación de la calle Marqués del Duero la llamada “Casa del Médico”, que constaba de vivienda para el facultativo, una sala para consultas, otra para curas y cirugía menor, amplia sala de espera y otras dependencias menores. En ella se instaló D. Eduardo.
Recuerdo la escuela nacional de D. Natalio Aznarte Carvajal, en la Villa, sobre la cual podría contar mil anécdotas y nuestros juegos en la Plaza de la Iglesia, en los que alguna vez nos acompañó un jovencito dominico, el padre Justo Jiménez, cuando venía a visitar a su hermano Félix y familia. A D.ª Gloria Cabezudo, esposa de D. Natalio, con la que en el mes de mayo hacíamos el “Mes de María” y que me preparó para el examen de ingreso en el nuevo instituto de Marbella.
D. Natalio atendía también la Cooperativa Agrícola, que llamábamos “el Sindicato”, por lo que no era extraño que, durante las clases, llegara Miguel “El Guarda”, para avisarle de que tenía una llamada en el teléfono de la Casa Robledano, en la que se podría haber instalado el museo sobre la Colonia, pero desgraciadamente fue destruida junto con el magnífico y antiguo jardín botánico anexo, para especular por aquellos dirigentes de Marbella que solo ha apreciado a este pueblo según el número de votos que obtienen en él. Algo parecido puede ocurrir con los actuales, con su muy escaso o nulo interés por rehabilitar el Trapiche, edificio más antiguo del lugar a punto de derrumbarse, a cuyas obras van dando largas, en este caso no por especular, sino porque presentimos que no les importa acabar con cualquier vestigio de la historia de San Pedro, utilizando de sofismas y medias verdades para intentar convencer a la gente del porque de su falta de dedicación a nuestro pueblo, cuya lista de carencias es muy prolija.
Entre las familias más destacadas podemos señalar a los Mackintosh, propietarios de los terrenos que hoy ocupa la Urbanización Linda Vista, cuya finca se dedicó, igual que otras, a la agricultura, con un gran higueral en la parte alta y una huerta de chirimoyos, en los que se entremezclaban naranjos y algunos otros frutales, delante de la casa principal. Recuerdo haber jugado en ella con mi amigo Eduardo, el menor de los dos hermanos y otros compañeros. Junto a la casa había un corral con gallinas, patos y quizás alguna perdiz, de lo que se ocupaba la tía Virtudes. Esta familia fue pionera en parcelar parte de sus tierras y en ella construyeron sus casas, en los años sesenta, personajes tan conocidos como Augusto Algueró y Carmen Sevilla, Luis Mariano, (que dedicó una canción a San Pedro Alcántara en francés), además de otros personajes de diversa índole.
En un gran galpón que había en la finca se entrenaba con una muleta en el llamado “arte de Cúchares”, el, por entonces, joven Juan Jiménez, con un artilugio construido con una rueda y un cuadro de bicicleta, unos cuernos de vaca en lugar del manillar y encima hojas de chumbera como lomo del animal, para clavar las banderillas, con unas agarraderas detrás para empujar, siendo Miguel Morito, su mozo de espadas y, algunas veces Juan Carlos Mackintosh, los que hacían correr al “toro”.
De Juan Jiménez, gran emprendedor, qué se puede decir que no sea sabido, echándose en falta que después de haber mantenido durante años la mayor tienda de muebles y artículos para el hogar de la Costa, que daba realce a San Pedro, y haber construido numerosas obras de relieve en la población, no haya recibido un muy merecido reconocimiento público, al igual que cualquiera de las personas antes mencionadas, pero me temo solo son “interesantes” determinados personajes, a los que no trato de restar ningún merito.
Me acuerdo muy bien de D. Antonio Margaleff, capitán jubilado del ejército, que venía dos o tres veces a la semana en una vieja motocicleta con sidecar a San Pedro desde cerca de Marbella, en el año 1955, para darnos clases de lengua francesa a un grupo en la Villa de San Luis.
Entrados los años cincuenta se inauguró en el Ingenio, con una gran fiesta, la fábrica de mármoles que, al principio, se aprovisionaba de material que provenía de una cantera en Benahavís (creo que la empresa se denominaba Mármoles Benahavís, S.A.) y hubieron de excavar pozos para conseguir la gran cantidad de agua que se consumía en el tratamiento del mármol. Dio trabajo a buen número de personas, llegando especialistas de otros lugares que se instalaron aquí, siendo esta fábrica la adelantada en su tiempo de lo que llegó a ser la construcción en nuestra zona. En ella trabajaron, entre otros, los hermanos Curro y Antonio Andrades, Miguel “El Pillín, Pepe “El Guareño”.
No quiero dejar de mencionar la almadraba para la captura de atunes y otras especies, instalada en nuestras aguas en los años cincuenta que por falta de rentabilidad al disminuir el número de capturas, fue desmantelada antes de lo previsto. Mientras funcionó fue un acicate económico para San Pedro al ofrecer trabajo a bastantes personas en distintos oficios. El capitán de la almadraba y Juan Gámez, aparcero de los Mackintosh, fueron muy amigos, ambos buenas personas de una gran cachaza. Un mediodía que ambos tomaban una copa en el kiosco de Gambero, éste le dijo a Juan: “aquí tiene usted un café de ayer tarde”, a lo que Juan respondió: “pues tírelo usted Paco, que ya debe estar frío”. La fábrica de hielo de Guadalmina, donde se aprovisionaban los camiones de pescado procedentes de Algeciras y Estepona en su camino hacia Madrid.
Hay más recuerdos que fluyen, pero harían interminable este humilde artículo que no tiene más anhelo que el de tener presente a un pueblo siempre laborioso en la agricultura como la industria, la pesca y, más adelante el turismo, además de rendir homenaje a todos los que lucharon y luchan por engrandecerlo, cuya lista sería interminable, y tener en cuenta que siempre ha sido y será suficiente por sí mismo, como se ha demostrado desde su fundación, sin necesitar, en absoluto, la tutela de ningún otro, aunque quieran hacernos comulgar con ruedas de molino y, repito, con sofismas.
Finalmente, agradecer a la Hermandad del Santo Patrón la oportunidad que me ha dado para hacer un viaje en el tiempo y expresar mis sentimientos, y a todo aquel que haya tenido la paciencia de leer hasta el final.
No puedo evitar despedirme con un VIVA SAN PEDRO ALCÁNTARA

Este artículo fue publicado en el número 3 de la revista Vivencias de Hermandad, que edita la Hermandad del Santo Patrón San Pedro de Alcántara, en octubre de 2011, y cuyo contenido completo puede verse en: http://www.sanpedrodealcantara.org/
 

Efemérides. 26 de octubre de 1952

Verbena octubre de 1952 

A pesar de las dificultades cotidianas, en una España en la cual estaba todavía vigente la cartilla de racionamiento, a los sampedreños de 1952 les supo a poco la feria. Tuvieron la suficiente energía y las suficientes ganas de divertirse para celebrar, una semana después de los festejos, una verbena, que además tenía el loable objetivo de conseguir fondos para una obra benéfica.

Así lo solicitaba Antonio Agüera al Ayuntamiento de Marbella para poder celebrarla el domingo 26 de octubre, según el programa de mano que aparece en la fotografía.

Antonio Agüera Samiñán era el presidente de la Junta de Festejos de ese año, integrada por Juan Jiménez Alarcón como secretario, y los vocales Antonio Contreras Sánchez, Antonio Peña Jiménez, José López Lozano y Juan Barrientos Martín. Esta Junta había sido propuesta al Ayuntamiento por los concejales de San Pedro Alcántara Joaquín Amores Blanco y Fernando Caracuel Bellido.

(Adaptado del libro San Pedro de Alcántara. Recuerdos de un pueblo y su patrón)

Año 1952. La feria de la “barriada”

Cabecera SUR feria 2002

El repique de campanas y el lanzamiento de cohetes rompían el cotidiano silencio de las calles y los campos cercanos, era la mañana del 18 de octubre de 1952. Anuncio de la feria que comenzaría por la noche, con cabalgata de gigantes y cabezudos, banda de música y la inevitable presencia de autoridades que abrían la velada en el real.
El ritual se repite año tras año y llega hasta nosotros. Sólo algunos detalles del amarillento programa de festejos nos advierten del medio siglo transcurrido: la iluminación que instalaba la compañía eléctrica Taillefer -herederos de aquel ingeniero que trajo de Francia el marqués del Duero para dirigir la granja modelo- o las banderas izadas, la nacional y la del Movimiento, como enseña del partido único.
El 19 de octubre era, y sigue siendo, el día grande, con la procesión del santo Patrón. Así lo recoge el entrañable programa. Otras actividades rozaban lo pecaminoso como los bailes en las casetas, otras eran más saludables como el partido de fútbol entre el CD San Pedro y el CD Estepona, la carrera ciclista hasta Marbella y regreso, u otros pasatiempos de neto carácter rural, como la carrera de burros con premios en metálico para los jinetes y ración de pienso extraordinario para los cuadrúpedos. Pero la muestra más evidente de los años transcurridos -o quizá no- es la censura que sufrió el programa de la festejos de 1952. Se trata de un acto de censura, propio del rígido control ejercido sobre los españoles de los años 50, decenio bisagra entre la larga y penosa postguerra y la apertura que comenzaría con los años 60.
Los trazos de esa censura no han quedado borrados con el tiempo. Pues además del programa oficial, enviado al gobernador civil para su aprobación con el saludo habitual de “Por Dios, España y su Revolución Nacional Sindicalista”, se conserva un borrador con las tachaduras y correcciones impuestas. Uno de los cambios consistió en añadirle la “bendición e inauguración del nuevo Mercado de Abastos”, con asistencia del alcalde y concejales de Marbella, en la jornada principal de las fiestas, el día 19.
Ayer como hoy las inauguraciones forman parte de la propaganda más querida por los políticos y ese día se aseguraban una gran repercusión, por la afluencia de público a la procesión y lo céntrico del lugar, pues el mercado se había construido entre la iglesia y la villa de San Luis. El otro cambio impuesto en el programa, el más significativo por sus connotaciones locales, consistió en tachar la palabra “población” y sustituirla por la de “barriada”. Así la cabalgata recorrería las calles de la Barriada (se utilizan mayúsculas), o los premios de las carreras de cintas serían entregados por distinguidas señoritas, pero de Barriada.
Hasta cuatro veces aparecen las tachaduras emborronando el texto y se impone la palabra barriada. No es una corrección intrascendente, de cambiar una palabra por otra del mismo significado, se trata de reafirmar la dependencia del núcleo sampedreño del ayuntamiento de Marbella. Y que no hubiera duda para los habitantes de la antigua colonia agrícola. Sin embargo, ese mismo año, no hilaban tan fino otros organismos oficiales. Así, la Jefatura de Obras Públicas requería a los ayuntamientos de Marbella, Ronda y San Pedro Alcántara con motivo de establecerse una línea de autobuses entre Marbella y Ronda. Mejora de comunicaciones a la vez que continuaba el control y la represión, en esa dualidad de los años 50, que podemos rastrear en otros episodios. Quizá el más estremecedor de los últimos meses de 1952 fue que dos mujeres sampedreñas, fueron condenadas e ingresadas en el arresto municipal de Marbella durante dos días… el hurto de leña fue su delito.
La denominación de población, o localidad, aunque correctas desde el punto de vista semántico no se podía consentir desde el poder local municipal, y menos durante los festejos, donde el sentimiento de identidad se hace mayor, los vecinos se reconocen como tales, y la pertenencia a una comunidad es más evidente.
Aunque el sampedreño de a pie, aquel obrero del campo -hombre, mujer y niño- lo que buscaba durante los festejos era olvidar la dureza de la realidad y evadirse de la monotonía diaria Y ¡cómo ayudaba! que el Imperial Cinema, durante los festejos de hace medio siglo, proyectase “magníficas superproducciones cinematográficas”. Eran los días más esperados y alegres del año, era su feria, la feria de San Pedro Alcántara, la mejor feria. Así lo sentían, y lo sienten, los vecinos de la población, perdón, de la barriada.

Borrador del programa. Archivo Municipal de Marbella

Borrador programa 1952

La feria de 1896. El primer programa conocido

Feria 1896, portada

El programa de feria más antiguo que se conoce es el del año 1896. Varias copias del mismo circulan por San Pedro Alcántara, pero parece que el original es propiedad de la familia Amores,  y fue publicado en el año 1992 en el número 1 de la revista Rosa Verde. Presenta una distribución de actividades que se repetirá en lo esencial durante las ediciones siguientes, aunque con las variaciones que se expondrán al hablar de la feria de otros años.

Los días de fiesta fueron sólo dos, el 19 y 20 de octubre. En los años siguientes suelen ser tres, pero el 18 es la víspera y aunque la banda de música toque diana por la mañana  no hay otra actividad hasta por la noche, cuando comienza el baile. Otros años los días feriados aumentarán a cuatro, pero esto no sucederá hasta la década de 1950.

El día 19 es el día grande, el día del patrón, recorriendo la imagen de San Pedro de Alcántara las calles del pueblo. Con anterioridad a la procesión hay misa y sermón, a cargo del responsable de la iglesia local o algún sacerdote invitado, al que se referirá el programa como “ilustre orador sagrado”. La misa es denominada de Calahorra, seguramente por el apellido de un compositor de temas religiosos, por lo que suponemos que era cantada y acompañada de música.

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Talado la mitad del bosque de Vega del Mar

Bosque Vega del Mar talado

Parcela arrasada de Vega del Mar,  29 de septiembre de 2011

La visión no deja, no puede dejar, indiferente a nadie con algo de sensibilidad, descartada esta palabra del diccionario mental de los que han promovido o ejecutado la bestial tala, en el curso de los trabajos de rehabilitación de la basílica paleocristiana de Vega del Mar. Porque los que han conocido el bosque de eucaliptos en Lista Vista baja se sobrecogen cuando contemplan el enorme hueco dejado en el paisaje por los taladores, un hueco que se traslada al corazón de los que hemos contemplado y disfrutado de ese bosquecillo junto a la orilla del mar.
Un espacio de tierra apisonada se abre donde antes se levantaban los árboles que rodeaban la basílica y su necrópolis. Un vacío que extraña y estremece, al percatarse, después de la primera impresión visual, de la muerte indiscriminada de tantos y tantos ejemplares de los árboles. De una especie que no hace demasiado tiempo poblaba grandes extensiones de la colonia de San Pedro Alcántara, hasta el extremo de convertirse en símbolo de la misma. Pues según uno de los promotores del turismo en nuestra comarca: Ramiro Campos Turmo (1929), que proyectaba “El jardín de España” entre Marbella e Istán, poblándolo de árboles característicos de diferentes lugares de nuestro país y San Pedro Alcántara estaría representado por “El eucaliptus, árbol generoso que saneó los terrenos marítimos”.

Eucalitpo simbolo
Sabemos que el eucalipto es un árbol perseguido, casi maldito. Su origen lejano hace que no encaje en los ecosistemas que nos rodean: no fertilizan la tierra donde se encuentran plantados y no promueve otras vidas vegetales o animales en su entorno.
Pero en San Pedro Alcántara este árbol sí fue promotor de vida, y nada menos que de la humana. Porque se plantaron para desecar las zonas encharcadas de las desembocaduras de los ríos, en este caso de Linda Vista era el arroyo del Chopo y el arroyo del Negro (hoy entubado y prácticamente desaparecido). Así se eliminaron charcos donde los mosquitos propagadores del paludismo tenían un lugar idóneo de propagación, y libraron de la enfermedad y la muerte a muchos sampedreños hasta entrado el siglo XX. Solamente por esto hubieran merecido que se conservara ese eucaliptal, pero es que también tuvo un aprovechamiento forestal inmenso, al ser un árbol de crecimiento rápido. Según José Gómez Zotano (2005), su madera era utilizada como combustible, así se empleaba en la central eléctrica del Salto del Agua, cuando la fuerza del agua que llegaba a ella era insuficiente para mover las dinamos, por lo tanto esos ahora destruidos eucaliptos producían la electricidad que necesitaba nuestro pueblo. Eucaliptos que, según este profesor de la Universidad de Granada, alcanzaron un alto grado de naturalización en el territorio sampedreño, y cubrieron extensas parcelas, como el bosque de Pernet. Y superaban en número, con creces, al resto de los árboles plantados en el latifundio sampedreño, como está documentado en un inventario del año 1918, en el cual se puede comprobar que de un total de 296.852 árboles, había 203.181 eucaliptos, seguidos muy de lejos por 27.185 pinos piñoneros o 15.761 chopos. Y aunque han ido disminuyendo su presencia entre nosotros, todavía podemos apreciar agrupaciones en las inmediaciones de San Pedro Alcántara o ejemplares majestuosos, en altura y grosor, como algunos situados en Guadalmina, El Ingenio, el Paseo Marítimo o en las mismas arenas de la playa de la Salida.
Fueron estos eucaliptos, ahora extirpados de raíz de la fértil tierra sampedreña, los que propiciaron a comienzos del siglo XX, cuando se plantaron, el descubrimiento de la iglesia y necrópolis de aquellos primeros cristianos malagueños, los que vivieron y murieron en Vega del Mar. Eucaliptos que respetaron el ingeniero José María Martínez Oppelt, que investigó los restos arqueológicos por primera vez, en la década de 1910, o el arqueólogo José Pérez de Barradas en los años siguientes. Al igual que hicieron más tarde otros reputados investigadores alemanes o españoles, como Rafael Puertas o Carlos Posac, que publicaron diversos trabajos sobre sus excavaciones en el templo-cementerio de San Pedro Alcántara.
Hace tiempo que el bosque fue cercado, como otras muchas zonas verdes, por intereses urbanísticos o por la ineficacia de la gestión municipal, que por ejemplo ha dejado morir y no ha repuesto las palmeras de la calle Marqués del Duero. De este modo, los intereses particulares han ganado una batalla, otra más, a los generales, a los vecinos que han dejado de disfrutar de jornadas de convivencia acompañados de un espeto o de una paella a la sombra de los eucaliptos, tras un baño en la playa cercana. Se fue sitiando el bosque, abatiendo los árboles y construyendo edificios, por lo cual no sería extraño que este último asalto sea el preludio de su fin definitivo, marcado ya con tinta indeleble en algún plan urbanístico, que ansía un terreno en primera línea de playa.
La excusa de protección para el yacimiento resulta incongruente, pues la mayor parte de los eucaliptos que se encontraban en la basílica y su alrededor se habían ido eliminando paulatinamente, por lo que las estructuras ya poco tenían que temer de sus raíces, cortados algunos con el pesar de los que lo defendían, como don Carlos Posac, que durante las excavaciones y cuando se hallaba algún elemento deteriorado por los árboles y alguien proponía su exterminio, decía que él además de arqueólogo pertenecía a la Sociedad Protectora de Animales y Plantas.
Quizá estuviera justificada todavía alguna entresaca pero no la tala indiscriminada y salvaje que ha destruido un paisaje secular y familiar. Todo un atentado al medio ambiente y a la historia de San Pedro Alcántara.
Ahora sólo nos queda arrancar está página de la guía arqueológica escrita por el doctor Posac (1999), al igual que han arrancado de cuajo los eucaliptos:
“Con el paso de los años se han convertido en unos árboles esbeltos de gran altura. Y si bien podemos culparlos de haber causado graves trastornos en las estructuras de los muros y sepulturas, con el empuje de sus extendidas raíces, también merecen alabanzas porque brindan estímulos estéticos y emotivos que contribuyen a dejar un recuerdo muy grato en el ánimo de cuantos visitan aquel paraje. Así, por ejemplo, cuando sopla la brisa marina el tenue movimiento de sus millares de hojas lanceoladas produce un rumor suave que podría interpretarse como un eco lejanísimo de las salmodias que resonaron antaño en el recinto del santuario”.

Eucaliptos Vega del Mar Rosas Verde

Eucaliptos Vega del Mar y la Concha Rosa Verde

Eucaliptos en Vega del Mar, según las memorias arqueológicas de Pérez de Barradas. Hacia 1930

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Efemérides. Octubre de 1850

Calendario de octubre de 1850

Calendario 1850, portada detalle

Comienza el mes de octubre. Mes grande en San Pedro Alcántara, que celebra el día 19 la festividad de su patrón, el santo extremeño del mismo nombre, reformador de la orden franciscana a mediados del siglo XVI.

Traemos al blog una pequeña joya bibliográfica, un calendario publicado por el Obispado de Málaga en el año 1850. Ya que fue en esa década cuando el marqués del Duero comenzó a comprar las fincas con las que constituiría su colonia agrícola y llegaron los primeros pobladores.

19 de octubre de 1850

Durante este mes también celebra sus fiestas la colonia vecina de El Ángel, el 2 de octubre,  de la cual sólo queda como resto material su magnífico jardín. Aunque su actividad agrícola y anteriormente industrial permanece entre los hitos económicos de la historia de nuestra provincia.

Octubre del 1 al 9

Del 1 al 9 de octubre

Del 10 al 8 de octubre de 1850

Del 10 al 18 de octubre

Del 19 al 31 de octubre de 1850

Del 19 al 31 de octubre